¿Bombardear?

¿Bombardear?

Manuel J. Jáuregui | En una entrevista con Sean Hannity en la cadena Fox, el Presidente Donald Trump aseguró el jueves que bombardeará a los cárteles mexicanos. Esto, entre muchas otras cosas, como que se apoderará de Groenlandia «por las buenas o por las malas», que el Gobierno de Cuba tiene sus días contados, que María Corina Machado le quiere compartir su Premio Nobel (lo cual, según las reglas del propio Alfred Nobel, no se puede hacer) y un sinfín de alardes y hociconeadas. Lo hace, a nuestra forma de ver, para distraer la atención de su bajo índice de aprobación, del asesinato de una ciudadana norteamericana por un agente del ICE, de la inflación alimentaria y del disparo absurdo en el costo de los seguros médicos a partir del inicio del 2026, tras eliminar su Gobierno el Obamacare.

No deja de preocupar, sin embargo, en lo que a México nos toca, su fanfarronada de que él «hit the cartels», tras repetir que son éstos los que gobiernan México y no la Presidenta Sheinbaum. Lo cual calificó como «una lástima», que daba pena presenciar. En este caso, en especial, no le concedemos particular seriedad a que bombardeará a los cárteles, ello porque presentan un blanco muy difuso: no están acuartelados en el Fuerte Tiuna como estaba Maduro, sino que operan descentralizadamente, y no cuentan con oficinas corporativas que se puedan atacar con bombas.

Más bien lo que pretende Trump es presionar al Gobierno de la señora Sheinbaum para que siga entregando capos, cerrando laboratorios y combatiendo el tráfico de fentanilo y metanfetaminas hacia Estados Unidos. Esto, y que deje de AYUDAR A CUBA en sustitución de Venezuela enviándole crudo -QUE ES DE LOS MEXICANOS, no de los cubanos-, lo cual ha hecho este Gobierno, pese a la petición del Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, de que no lo haga, pues viola los términos del embargo comercial norteamericano impuesto a CUBA mientras no celebre elecciones libres en la Isla.

Resulta, por parte del Gobierno mexicano, una provocación innecesaria a la Administración Trump, la cual podría detonar represalias a la hora de la renegociación del T-MEC este año. Si es tanta su simpatía por Cuba y su dictatorial Gobierno, pues que se limiten a mandarle tarjetitas de amor el 14 de febrero y no buques tanqueros repletos de crudo. Conste: no pretendemos justificar las amenazas de Trump; clarísimo está que no tiene derecho a invadirnos o bombardear nuestro territorio. Sin embargo, está tan desorbitado y desubicado que no dudamos que sea capaz de hacerlo.

Claramente se desprende de sus descabelladas declaraciones que le preocupa sobremanera perder las elecciones de medio término y que los republicanos pierdan el control del Senado, de la Cámara de Representantes… o de ambos. Lo cual representaría para él no sólo una derrota política, sino un freno y un estorbo para su Presidencia Imperial, así como la posibilidad muy real de enfrentar varios juicios políticos por actuar al margen del Congreso, disponiendo de dinero cuyo gasto sólo el Legislativo puede aprobar. Ejemplo de esto, y de su banalidad, es el hecho de que, por sus pistolas, mandó demoler el Ala Este de la Casa Blanca para construir ahí un salón de baile lujosísimo, con un costo mayor a 400 millones de dólares. Extravagancia que no consultó con nadie ni recibió aprobación alguna del Congreso: se la aventó por sus pistolas, sin permisos ni autorización.

No batallaríamos mucho en convencerlos, estimados lectores, de que este señor es capaz de cualquier cosa: lo descabellado le parece lo normal, pues no mide -ni le importan- las consecuencias de sus acciones, esto en nuestro hemisferio, o en Irán, o en Siria. O sus intenciones contra Hezbolá o contra los cárteles mexicanos, a los que tanto odia y a los que les lanzó tan reciente como el jueves pasado amenazas bastante concretas, de pasada insultando a nuestro Gobierno, pues vuelve a repetir que la Presidenta Sheinbaum no gobierna, sino que gobiernan los cárteles.

Afirman cosas tan escandalosas, sin embargo, su Departamento de Justicia no ha emitido NI UNA SOLA orden de aprehensión, ni acusación alguna, contra los políticos mexicanos que «han dejado» gobernar México a los cárteles. ¿Curioso, no les parece?

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