
Cuando la Publicidad Choca con la Realidad

Carlos Morales Tapia | Xalapa, Ver., 5 de septiembre de 2025 | En el competitivo universo de las universidades privadas, la Universidad Técnica Superior de Xalapa (UNITEX) se ha esforzado por venderse como un faro de excelencia académica. Con más de 13 años de existencia, presume de programas acreditados, modalidades flexibles y un discurso institucional centrado en el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (RVOE). En sus redes sociales y sitio web, la narrativa es clara: formación integral, profesionalismo y compromiso con el ¡YA Merito! Perdón, el mérito.

Pero esa narrativa acaba de estrellarse contra una realidad incómoda.

Lo que prometía ser una iniciativa ejemplar —un concurso para otorgar una beca de “Excelencia Académica”— terminó exhibiendo las grietas profundas en la operación institucional. Improvisación, favoritismo y opacidad marcaron un proceso que, lejos de fortalecer la imagen de UNITEX, la dejó tambaleante.

El detonante fue la participación de académicos internos que intervinieron de forma descarada. Mientras algunos docentes mantuvieron la neutralidad, otros solicitaron abiertamente “likes” en Facebook para favorecer a colegas. El análisis de las interacciones reveló algo aún más grave: el uso de bots para inflar métricas y beneficiar a un funcionario académico. ¿Transparencia? Brilló por su ausencia. ¿Imparcialidad? Un concepto pisoteado.
El concurso fue anunciado con cierre el 20 de agosto, pero se extendió al 25 sin explicación formal, sólo porque no tuvo una “buena convocatoria”. Luego, se cerró de forma abrupta. Esta danza de fechas sin sustento no es un simple error logístico: es una señal de improvisación institucional que mina la confianza pública.
La promesa de publicar los resultados en redes sociales se evaporó. En su lugar, UNITEX optó por comunicarlos de forma privada, escudándose en justificaciones vagas. El resultado fue predecible: una percepción generalizada de manipulación, donde los ganadores parecen haber sido elegidos “por el dedo de alguien o alguienes” y no por mérito O ¿Ya merito?
En el ecosistema digital, lo que queda es un reguero de desconfianza. Las quejas se viralizan, los hilos se multiplican y el nombre de UNITEX comienza a asociarse con falta de ética, improvisación, favoritismo y obviamente, desprestigio de una institución con 13 años de funcionamiento.
Como si el escándalo del concurso no bastara, una alumna denunció públicamente que le retiraron parte de su beca por bajar el promedio, a pesar de que su beca no estaba sujeta a ese criterio. Peor aún, afirma que la universidad asegura que ella -la alumna- firmó un documento que nunca firmó. Las capturas de pantalla del hilo completo —extenso y demoledor— están disponibles en esta nota.
Este episodio no es aislado. Es el síntoma de una enfermedad institucional: la falta de planeación, la ausencia de protocolos claros y la incapacidad de gestionar procesos públicos con seriedad. En un entorno donde una queja en Facebook puede arruinar reputaciones, UNITEX se expone innecesariamente.
Le hace falta:
– Establecer bases claras desde el inicio, sin cambios caprichosos.
– Formalizar cualquier modificación de plazos con justificación pública.
– Publicar resultados en los mismos canales de difusión, respaldados con evidencia verificable.
– Garantizar transparencia como principio rector, no como accesorio.
UNITEX, pese a sus credenciales, proyecta una imagen de desorganización y opacidad que espanta a los estudiantes que buscan seriedad y mérito. Si no corrige el rumbo, su “excelencia” quedará reducida a un eslogan vacío. La decepción no es sólo de los participantes; es de todo Veracruz, que exige más de sus instituciones educativas.

















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