
Catón | La nueva mesera se veía muy apurada. El dueño del restorán le preguntó: «¿Qué te sucede?». Respondió la camarera: «Un cliente ordenó algo muy difícil. Me pidió que le llevara una trucha adornada con un limón entre los dientes y un rábano en la cola». Se extrañó el dueño: «¿Y qué tiene eso de difícil?». Contestó la meserita: «El limón lo puedo sostener, pero al caminar se me cae el rábano»… Don Algón le preguntó a la curvilínea chica que aspiraba al puesto de su secretaria: «¿Qué sabe usted hacer, señorita Susiflor?». Respondió ella con una sonrisa sugestiva: «¿En la oficina o fuera de ella?»… Comentó una señora: «Mi marido es tan tragón que cuando nos invitan a un banquete de bodas come hasta que le duelen los tobillos». «¿Los tobillos?» -se extrañó alguien. «Sí -confirmó la señora-. Es que empiezo a darle patadas por abajo de la mesa para que se contenga»… Proclamó un individuo, jactancioso: «Soy de un pueblo donde los hombres son hombres y las mujeres son mujeres». Una chica se interesó: «¿Y en cuál lado lograste acomodarte?»… Se casó Avaricio, hombre cicatero. Al mes de casados las amigas de la flamante desposada le preguntaron: «¿Cómo te va con tu marido?». Respondió ella: «Comimos pollo tres veces la semana pasada, y hemos comido pollo dos veces esta semana». Comentó una: «Entonces tu esposo no es tan avaro como dicen». Precisó la mujer: «Es el mismo pollo»… Una joven señora le comentó a su amiga: «Me voy a casar, y no quiero tener familia pronto». Le recomendó la amiga: «Lo mejor para no embarazarte es untarte el cuerpo con aceite de oliva antes de hacer el amor». «¿Funciona eso?» -se sorprendió la otra. «Sí -aseguró la amiga-. Se resbalan»… Los compañeros de trabajo de don Acisclo le preguntaron: «¿Qué tal cocina tu mujer?». «Les diré -respondió él-. Hace un platillo al horno. Ese platillo va envuelto en papel aluminio. Cuando termina de hacerlo quita el papel aluminio y lo echa al bote de la basura. Pues bien: en ese momento está tirando lo mejor del platillo»… Al comenzar la noche de bodas la novia le habló, solemne, a su flamante maridito, joven varón de pocas luces: «Vehementino: voy a hacerte dación de la más íntima gala de mi femineidad». «Gracias -respondió él, confundido-. Pero, la verdad, yo esperaba otra cosa»… Llegó el encargado del censo a una granja y no encontró sino a un pequeño niño. Le preguntó: «¿Cuántas personas viven aquí?». «Cuatro -respondió el muchachillo-. Mi papá, mi mamá, mi hermana y yo». «¿Dónde está tu papá?» -inquirió el empleado. Contestó el niño: «Debe haber ido a pescar. No veo sus botas de agua, y no anda regando». «Y tu mamá ¿dónde está?» -quiso saber el del censo. «Seguramente fue al pueblo -replicó el pequeñín-. No está la camioneta, y no les anda llevando forraje a las vacas». Preguntó el visitante: «¿Y tu hermana?». Respondió el chiquillo: «Ha de estar en el granero con su novio. Solamente hay dos cosas en el mundo que le gusta hacer, y la tele está apagada»… Chang y Eng eran hermanos siameses. Una mañana Chang le preguntó a Eng en tono de reclamación: «¿Qué hiciste anoche, carnal? Me siento muy cansado»… Dulcilí, bella y romántica muchacha, le dijo en amoroso arrebato a su galán: «¡Quisiera ser una luz en tu vida, Volupticio!». Sugirió él: «Entonces vamos a lo oscurito»… Lord Highrump andaba algo achispado por las frecuentes visitas a la botella de whisky. Le presentaron a una muchacha cuyo escote dejaba ver la rotundidad de sus muníficos encantos pectorales. «Beso a usted las manos, hermosa señorita» -le dijo con tartajosa voz milord. Y añadió en seguida: «Claro, como segunda opción»… FIN.

















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