Al tercer día

Al tercer día

(Crónica de una reunión de periodistas)

Carlos Morales Tapia | Ese viernes 9 de junio, en el lobby del Congreso del Estado, desayunamos chilaquiles con milanesa de puerco, nada mal para el legislativo, sobre todo, tratándose de festejar a los periodistas.

Después de subir la información respectiva, desde la sala de prensa del Congreso, claro, nos dispusimos (la verdad, no tenía la intención de ir, me sentía cansado y el mal del porky me estaba pegando rico) a asistir a la reunión que realiza, anualmente, el compañero Ambrosio Pablo, popular entre “La Tropa”, como El Vocho.

Curiosamente, El Vocho es heredero de la tradición que dejara Fito Soler y su fantástica entrega de Los Fitos, que eran reconocimientos a lo mejor y peor del periodismo veracruzano radicado en Xalapa y allende las fronteras xalapeñas, porque asistir a Los Fitos, damas y caballeros ¡Era Épico! Y venía (llegaba, para que no suene “rarito”) gente -periodistas y periodistos – de todo el Estado.

¡Cómo corría alcohol en esas fiestas!

Y el Vocho, salvo la entrega de reconocimientos, ahí la lleva y su reunión fue, en el salón de la CROC a las 15:00 horas, tiempo suficiente para que se terminaran de bajar los chilaquiles, el café con cuatro piezas de pan, los dos vasos de jugo de naranja y los dos platos de fruta (no sé quién no se comió el suyo, pero yo, me comí dos en el Congreso).

Total, que, ya pasaditas las tres de la tarde, llegamos (Y no lo terminé de decir) en taxi al punto de reunión, Eliseo “Cheo” Tejeda, Nico Cruz y el que esto escribe y, para muy grata sorpresa nuestra, en la entrada estaba cotorreando Ramón Díaz Ávila, diputado local y Coordinador Nacional del PT, no es por hacerla cardiaca, pero, no recuerdo con quien.

De lo que sí, y perfectamente me acuerdo porque, su sabor, olor, contextura, y servicio, son insuperables, son de los tacos del Chori ¡No hay reunión del Vocho donde falten los tacos del Chori! ¡Ayayay…! Que delicia, así que, de entrada, me pedí 4, con todo, pa´empezar.

Inmediatamente el Cheo, ya estando acomodados en nuestras sillas ante nuestras respectivas mesas (Hay que decirlo con propiedad porque, lo va a leer un montón de flota y la flota es canija), que empieza: ¡Pinche Xhunco! ¡A poco si viniste a comer nada más! Dile al Vocho que te pase una chelita…

Y yo obediente… Pero pos ya no había chelitas, sin embargo, el buen amigo Ambrosio me dijo: “ahí están los pomos…” ¡Y esa fue mi perdición! Comencé con un traguito de Torres 10 con refresco (Esas aguas negras del imperialismo yanky -pa’no desentonar con la cuatro té-) y los tacuches:

Maciza, Chamorro y cuerito, los 4 primeros y pos… Fueron bajando lentamente con el dulce jarabe preparado con el destilado de caña llamado Towers Ten. ¡Y me levanté por otros taquitos! Para esto, Ramón Díaz Ávila, estaba sentado… Bueno, se había acomodado no muy lejos de Cheo y su servilleta, Nico se fue hasta el rincón generacional, donde los chavitos hacen su despapaye, pero todavía ven a los viejitos, como Nico, con algo que parece respeto.

El caso es que, cuando Ramón me ve entrar y acomodarme con otros cuatro (4), me dijo que me hacía falta un vermox, porque vaya que la solitaria y compañía estaban en su apogeo, pero mi respuesta fue clara y no dejó lugar a dudas:

– ¡Ahí adentro, nada sobrevive! Nada resiste ese ambiente parecido al de un desastre nuclear combinado con la colisión del meteorito que ocasionó la extinción de los dinosaurios… Además -dije – con esto no se me va a subir…

Y una vez dicho lo anterior, señores, debo resumir ¡Hasta donde me acuerdo! La fiesta ¡Muy bien! Compañeros de tres generaciones, música para viejitos… Perdón, ochentera, ¡bailecito y llórele y llórele y llórele…! (Y no era velorio ¡Que conste!)

Total, que, cuando desperté, Wendy López me dijo que se llevaba mis cosas, le dije que sí, perdí mis lentes, no supe como llegué a mi casa, es más ¿Llegué? La respuesta tiene que ser obvia, pero hasta hoy, la seño de la renta me mira con unos ojos de esos que, si fuera mi mamá, me hubiera vuelto a salir de casa.

Pero bueno, ya a las 10 de la mañana, en la calle, con un hambre inmensa (Otros taquitos del Chori, ahora de los de San José y sí, 8), acompañados de dos-dos equis ¡Heladas! Y después, al bola de oro, café con pan y a eso de la una, un pambacito… Pa’abrir panza porque, a las dos y media, ya estábamos en La Plazoleta, donde nos formamos tres veces en la fila del bufet.

Entre las 4 y las 5 de la tarde, me comuniqué con Wendy para lo de mis cosas y a eso de las cinco y centavos, ya estaban en mi poder ¿Resaca? No sé que es eso y no cualquiera, los conozco que, por la cruda (suena feito ¿No?) ¡hasta el hospital han ido a parar! Lo que sí, llegué a casa, dejé mis triques y me volví a salir, con dirección a un lugar Non Sancto que está por el parque de Los Berros y ¡Válgame la divina cachetada! Lo primero que vi fue una etiqueta con la leyenda (después de brandy) V.S.O.P. ¡Virgen Santa, Otra Peda! ¿O cómo era?

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