MÉXICO;  2025-2026

MÉXICO;  2025-2026

Rafael Marín Marín | Me parece que hablar de 2025, el año que se va de nuestras vidas, no deja de ser relevante, pero, todos sabemos en términos generales cómo nos fue en este año, tanto en lo particular como en lo general. Respeto a quienes –como si México fuera un ring- quieren ver dos naciones enfrentadas permanentemente, en una esquina uno “de buenos” y en la otra esquina “uno de malos”, ya no técnicos ni rudos; quieren ver ambos un país enfrentado entre sí, como si fueran ellos quienes tienen el poder “divino” de decidir qué, cómo y cuándo, comemos, dormimos, oramos, educamos a nuestros hijos, en qué trabajamos, que leemos, donde vivimos, que compramos, que patrimonio debemos tener, cuál debe ser nuestra visión de propiedad privada, etc.
(Cossio Villegas 84), llama a esta clase de políticos o políticas, que muchos no lo son, “quienes poseen estilos personales de gobernar”, lo que ellos quisieran fuera la realidad, sin considerar lo que la vida llama ineluctable (Ortega y Gasset 79). Se trata en sí, de muchas veces de improvisados, oportunistas o ambiciosos, que no buscan el bien común, sino el personal, bañado de pronunciamientos ideológicos, muchas veces surgidos de herencias familiares policitas (Aí Camp 81), que se han traducido en “castas políticas”, que mediante partidos institucionalizados accedieron y acceden al poder por partidos políticos (Garrido 2001).
En síntesis, son grupos de quienes han o detentan el poder –hombres y mujeres- según ellos con propuestas mágicas de solución a los problemas ancestrales y actuales de México y su pueblo, traducido en Documentos Básicos Partidistas –declaración de principios, programa de acción y, estatutos- que se reciclan de partido en partido, para perpetuarse en el poder –el tiempo que vivan- donde su realidad económica de origen, contrasta con la que millonariamente terminan su accionar político y en muchos casos, también con la de millones de habitantes de un país como el nuestro que sigue lacerado por la inseguridad pública, la delincuencia –esa si organizada- la corrupción, la impunidad y la falta de respeto generalizado por la legalidad, el espíritu de la constitución del 17 y el Estado de Derecho.
Craso error de pensar así de muchos que detentan el poder en sus diferentes manifestaciones, porque en “política” no se trata de imponer ideas o escenarios efímeros vendibles, sino construir por medio del quehacer político democrático, una sociedad más justa, igualitaria en lo positivo internacional, estable, alejada de los lastres de la pobreza y la ignorancia educativa y cultural, empoderada de conocimiento científico y deseos de superación permanente, que nos permita aspirar a los escenarios internacionales como una potencia mundial, que crea más –sin perder identidad religiosa libre- en el conocimiento científico y el empoderamiento ciudadano, una sociedad jurídicamente civilizada, amante de sus normas, su constitución política y su espíritu original, el Estado de Derecho comparado, alejado de idolatrías llenas de banalidades. Ese es el verdadero quehacer político.
Me parece entonces que, nuestra mirada hacia el presente y futuro inmediato, 2026, es apostarle a la reconciliación nacional, donde no existan iluminados y por iluminar, donde incluida la cena en cualquier hogar, no esté dividido por ideologías partidistas, que han dejado los partidos de ser “entidades de interés público, para convertirse en agencia de colocaciones, negocios privados, propiedades ilegales y, centros de operaciones de interese personales, alejados de todo lo que en su constitución dicen ser.
México es un país pluricultural con un pasado histórico grandioso, somos una nación con una gran tradición pacifista y respetuosa de la autodeterminación de los pueblos, incluido el nuestro que, se legitima casa seis años, en un proceso democrático que nos da certeza y rumbo de evitar, derrame de sangre, tristeza e incertidumbre como en el pasado de nuestros tres grandes movimientos, Independencia, Revolución, Reforma. El respeto a la democracia es nuestro reto.
Vivimos en México cerca de 120 millones de almas, seres vivos, sueños y aspiraciones, que día a día, se ganan el sustento diario, donde la diversidad de oficios y profesiones –todos honorables menos la delincuencia y la corrupción pública- tienen cabida y deben ser escuchados. A eso debemos enfocar nuestras baterías diarias, a volver a mirarnos como iguales, respetando nuestras diferencias, pero sobre todo donde el dialogo y la concertación se antepongan a la barbarie oral, la violencia, la desinformación y la cerrazón obcecada, males –como los bíblicos- que quienes decidan seguir privilegiando, todos deseamos se alejen de la vida pública y la sociedad, para rumiar su amargura lejos del poder.
*El autor es Secretario General del Frente Nacional Jurídico en Defensa de la Constitución y el Estado de Derecho.

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