
Michael Buckner/Variety via Getty Images
A esa etapa atiende, fundamentalmente, “Aka Charlie Sheen” o “Nombre artístico: Charlie Sheen”, como se le conoce en español, conformada por dos episodios
Julio Patán | ¿Es la miniserie sobre Charlie Sheen que acaba de estrenar Netflix una operación de lavado de cara? Lo dudo. Si lo es, en todo caso, es uno de los más agudos y arriesgados que hemos visto. Nacido en una familia de la aristocracia hollywoodense (sobre todo su padre, Martin, y también su hermano, Emilio Estevez, son actores de importancia, pero toda la tribu ha estado en el negocio); dueño de una popularidad rápida y prematura desde los años 80, coronada con “Pelotón” y “Wall Street”, de Oliver Stone, Sheen se hizo delirantemente rico y aun más famoso de lo que ya era gracias al cine en la televisión, primero con “Spin City”, en sustitución del a esas alturas muy golpeado por el Párkinson Michael J. Fox, y sobre todo con “Two and a Half Men”.
Casi al mismo tiempo, se volvió una especie de emblema de la adicción y la locura inducida o al menos potenciada por la fama, entre escándalos de intoxicación, promiscuidad y violencia, sobre todo violencia auto infligida.
A esa etapa atiende, fundamentalmente, “Aka Charlie Sheen” o “Nombre artístico: Charlie Sheen”, como se le conoce en español, conformada por dos episodios de una hora que giran en torno a una larga conversación con el protagonista, rehabilitado y lúcido, y que se construye a partir de un muy buen material de archivo y conversaciones asimismo extensas con algunos compañeros de reparto, como Jon Cryer (Alan, el hermano en “Dos hombres y medio”); de algún familiar; de sus ex, destacadamente Denise Richards, y de algún amigote, como el insufrible Sean Penn, inusualmente ajeno a la autorreferencialidad en este caso, o como su antiguo dealer, tremendo personaje.
El resultado: un testimonio descarnado y valiente, un retrato certero de la fama con sus tenebras y una mirada a una televisión genial que hoy, probablemente, ya no podría hacerse.
“Two and a Half Men” es, sin duda, una obra maestra, probablemente no apta para estos días. Permeada de una misoginia no exenta de ironía sobre la masculinidad idiota, híper sexualizada, atravesada por un cierto homenaje al exceso alcohólico, la hueva como forma de vida y la promiscuidad, molestaría lo mismo al mundo woke del feminismo a ultranza que a la nueva oleada de trogloditas de derecha dura, por su ironía hacia el macho espalda plateada y su complacencia mordaz con la sexualidad diversa y kinky. Pansexualidad, dirían algunos.
La serie, es sabido, se la debemos a otro de los protagonistas de “Nombre artístico: Charlie Sheen”: Chuck Lorre, el sensei de la sitcom del siglo XXI, responsable también de otras dos series de magnífica factura sobre el hombre contemporáneo, como “The Big Bang Theory”, sobre el Olimpo de los nerds, y, más recientemente, “El método Kominsky”, sobre la decrepitud.
¿Maratón de fin de semana para acompañar “Aka: Charlie Sheen”? Por supuesto.
@JULIOPATAN09

















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