
Guadalupe Loaeza | Todas las noches cuando el niño Robert ya estaba en su cama esperaba ansiosamente que llegara su padre para contarle un cuento, invariablemente comenzaba con la frase: «Había una vez…», el efecto era mágico, en ese momento su hijo dejaba volar su imaginación mientras le leía un cuento. Para el niño eso era lo que más esperaba, su padre contándole cuentos e historias. Andando el tiempo, esa misma estrategia la utilizaría Robert Redford, padre de cuatro hijos: «había una vez…», comenzaba como su padre de oficio lechero y obviamente con muy pocos recursos. La familia Redford no tenían dinero, aunque sí tenían historias que contar.
En seguida contaremos la historia del actor más famoso de Hollywood recientemente fallecido. Su muerte a los 89 años consternó no nada más a la industria cinematográfica de Estados Unidos, sino a todo el mundo, sin exagerar. «Con su amabilidad, su generosidad y su extraordinario aura, Robert Redford se ganó los corazones en todo Hollywood», dice el diario británico The Guardian.
Había una vez un galán que al cabo de los años se convirtió en el más guapo y famosa estrella de cine en el mundo además de haberse transformado en un director cuya primera película Ordinary people ganó el Oscar como mejor película y dirección. Robert Redford no lo podía creer, nunca en su vida se había programado para tener tanto éxito y tan pronto. ¿Cómo lograba tantos triunfos acumulados a lo largo de sus cuarenta años de trabajo? «Nací con una mirada crítica» declaró a The Hollywood Reporter en 2014. «Por mi forma de ver las cosas, veía lo que estaba mal. Veía lo que se podía mejorar. Desarrollé una visión bastante pesimista de la vida, al observar mi propio país».
Hay que decir que Robert Redford independientemente de la estrella que lo ha acompañado, ha tenido muchos desafíos y quebrantos. A los 11 años padeció principios de poliomielitis y a los 19 años perdió a su madre. Ya casado con su primera esposa, dicho por él, su verdadero amor en la vida, Lola Van Wagenen, con quien estuvo casado de 1958 hasta 1985, y con quien tuvo 4 hijos, de los cuales murieron, el primero a semanas de nacido y el segundo, James Redford fallecido a los 58 años debido a un cáncer. Estas dos pérdidas lo acompañaron el resto de su vida, de allí su perenne melancolía y tristeza.
Había una vez un galán de cine de los años sesenta exitoso que tenía el don de saber besar a las protagonistas en sus películas. Meryl Streep su pareja en el filme Out of Africa, asegura que en toda su trayectoria fílmica ninguna de sus parejas besaba como Robert Redford. Además describe cómo sucedió la famosa escena: «Roy, mi peinador, le explicó a Robert Redford cómo lavarme el pelo. Lo escuchó con atención, se aplicó y fue genial. Para la quinta toma, yo estaba completamente enamorada de él. Es como una escena de sexo; es muy íntima. Ves tantas escenas donde la gente tiene sexo, pero tan pocas con este amor, este cariño. No quería que terminara el día». Al ver esta escena de la película que he visto varias veces, yo también me volví a enamorar el domingo pasado de Robert Redford y no quería que se acabara la película. Cuando muere el cazador británico Denys Finch Hatton (Robert Redford) lloré tanto como su amante la Baronesa Blixen (Meryl Streep).
Había una vez un artista de cine que creía en sus ideales y en sus sueños por eso se planteó como propósito en 1981 crear el Instituto Sundance para apoyar a cineastas independientes y ofrecerles plataformas donde podían exhibir sus proyectos. Ese es su verdadero legado para el cine de todo el mundo. «Me di cuenta de que habíamos tenido mucho éxito, pero ahora no tenían ningún sitio al que acudir. Así que pensé: ‘bueno, ¿y si creamos un festival en el que al menos podamos reunirlos y así podamos crear una comunidad para ellos?’. Y entonces, para mi grata sorpresa, creció más allá de lo que hubiese podido imaginar», le dijo Robert Redford a Jenny Cooney.
Había una vez un hombre brillante, sumamente inteligente, bendecido por los dioses, gran ecologista y filántropo, con todos los talentos imaginables, con una estrella que nunca se apagará pero que no sabía decir adiós, por ello prefirió desaparecer mientras dormía. Robert Redford, el actor más cotizado de Hollywood, se fue en medio de un profundo silencio, el mismo que tanto añoró después de tantos años de una vida intensa con retos, alegrías y tristezas.
gloaezatovar@yahoo.com

















Deja un comentario