MÉXICO, ACCIONES ANTE LOS DESASTRES NATURALES Y ANTROPOGÉNICOS

Rafael Marín Marín | Ningún país del mundo está exento de una tragedia natural o proveniente del hombre, hoy llamadas antropogénicas. Las primeras como Tsunamis y terremotos, erupciones generalmente; las segundas, inundaciones, deslaves en zonas inhabitables pero pobladas, lluvias atípicas, incendios y explosiones, por gas, petróleo o gasolina entre otros.

México, país de alta sismicidad, ha vivido tres grandes sismos de magnitud 8.6 de 1787 (Forbes) con 10 mil fallecidos reconocidos; 8.1 de 1985 y; 7.1 de 2017, ambos de 19 de septiembre (Cenapred) con 230 fallecidos reconocidos.

En el caso de explosiones (antropogénicas) por gas o gasolina en zonas altamente pobladas, las más drásticas reconocidas son San Juanico-Edomex en 1984 con 500 fallecidos; en Sector Reforma-Guadalajara 1992 con 212 fallecidos; Tlahuelipan-Hidalgo con 114 fallecidos y, Puente La Concordia-Iztapalapa-CDMX en 2025 con 17 muertos al corte.

¿Ambos desastres, infortunios, calamidades, desgracias pueden ser previsibles? ¿Pueden ser controlados, manejados, detectados a tiempo? ¿Evitados? Me parece que de 1985 a la fecha, ya con un Centro Nacional de Prevención de Desastres, https://www.gob.mx/cenapred, sí lo podemos, porque a lo largo del tiempo, la desgracias vividas y las pérdidas humanas invaluables, han trascurrido décadas que nos dan experiencia y contamos con tecnología de punta, que buscan salvar primeramente vidas y patrimonios.

Hoy contamos con alarmas sísmicas muy efectivas, construcciones solidas –no todas-, simulacros en ciudades, pero no en zonas costeras o ríos, ante tsunamis o desbordamientos. Sin embargo, no contamos con una capacitación nacional en primeros auxilios como otros países, edificaciones con “cajas de vida”, revisiones eficientes y oficiales en materia de protección civil a negocios y centros comerciales en niveles de gobierno, botiquines de primeros auxilios en casas, negocios, escuelas etc., revisiones periódicas a gasolineras –casi todas dentro de ciudades-, chequeo de pipas o tráiler trasportadores de inflamables que verifique su óptimo estado de funcionamiento así como horarios de circulación, y en sí, una verdadera cultura de protección civil, que nos permita actuar correctamente en casos de desastres naturales o antropogénicos.

Estos últimos, los antropogénicos, vistos en dos vías; los que tienen que ver con políticas públicas con perspectiva de desarrollo sostenible (Informe Brutland) ante el cambio climático COP30 en Brasil 2025 en donde México debe lograr una Declaración 25-2300 sobre C.C. y; la que compete al gobierno mexicano y ciudadanos, sin olvidar a empresarios a respetar las normas que sobre la materia existe, además de una revisión exhaustiva de las normas en la materia de prevención y cultura de protección civil, que garantice la mínima desgracia posible a lamentar.

La Ley General de Protección Civil –madre de la protección civil para México, que no la única y que sin excepción de nadie deberíamos conocer a pie juntillas, nos dice que, tiene por objeto, “establecer las bases de coordinación entre los distintos órdenes de gobierno en materia de protección civil. Los sectores privado y social participarán en la consecución de los objetivos de esta Ley, en los términos y condiciones que la misma establece”, con un cátalo de qué debemos entender por Atlas Nacional de Riesgo, albergue, brigada, auxilio que no primeros auxilios, damnificado, desastre, emergencia, evacuado, fenómenos natural y antropogénico, voluntarios, mitigación, prevención, reconstrucción, reducción de riegos, resiliencia, zonas de desastre y “de riesgo” entre otras. Mucho qué hacer de aquí en adelante para salvar vidas y patrimonios.

A esto estamos llamados sociedad y gobierno, porque si seguimos la ruta de la conformidad actual, sin mayores rigorismos legales y acciones preventivas y capacitaciones permanentes de qué hacer en caso de un accidente X, seguiremos llorando a nuestros muertos, cuando a lo mejor pudimos no hacerlo. Una cosa más, debemos apoyar más a los cuerpos de rescate, entre otros, Cruz Roja, Bomberos, y crear grupos de voluntarios y primeros auxilios bien capacitados. Actuemos.

*El autor es Secretario General del Frente Nacional Jurídico en Defensa de la Constitución y el Estado de Derecho.

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