
Guadalupe Loaeza | Dice Diego Fonseca, del New York Times, que Hugo López-Gatell «rara vez reconoce errores, un fenómeno llamativo en un científico. Da vueltas, es errático, pivotea, juega con la retórica en sus largas conferencias. Pero no retrocede». Exactamente lo mismo se podría decir de otra científica, la presidenta Sheinbaum, rarísima vez reconoce sus errores, de allí que no soporte la crítica y niegue hasta lo inaudito todo aquel señalamiento que le parezca escandaloso o incluso increíble.
Ambos personajes de la política mexicana tienen muchas similitudes, nacieron para callar, obedecer, pero sobre todo, justificar a su jefe, Andrés Manuel López Obrador. Si en algo fallaron los dos fue en relación a la crisis del Covid-19. Los dos la minimizaron y subestimaron (tal como lo hacía constantemente AMLO), los dos mentían en relación al número de enfermos y muertos y asumieron la retórica del ex Presidente, quien se protegía gracias a sus escapularios y estampitas. López-Gatell «asumió la retórica de AMLO: ha convertido la crisis (del Covid) en un problema ideológico con la industria alimentaria y en un regaño paternalista a los hábitos de consumo de los mexicanos». Durante una visita a Chiapas en julio del 2020, dijo el subsecretario de Salud enfáticamente: «¿Para qué necesitamos el veneno embotellado, el de los refrescos? ¿Para qué necesitamos donas, pastelitos, papitas que traen alimentación tóxica y contaminación ambiental? Las botellas llegan a ríos y luego al mar». También, y siempre durante el Covid, encontró en las donas y refrescos un maravilloso «chivo expiatorio», para ocultar los errores que se cometieron en cuanto a la información de la pandemia. La reacción en las redes no se dejó esperar, la mayoría eran de protesta contra las temerarias afirmaciones de Gatell, no obstante, no faltaron los que lo apoyaban e incluso halagaban su valentía al exhibir «la conjura internacional en contra del gobierno de México».
Sí, sí es una vergüenza que Sheinbaum hubiera designado a Hugo López-Gatell como representante de México ante la Organización Mundial de la Salud. «La Comisión Independiente de Investigación sobre la enfermedad (Covid) publicó un informe en el que cuestionaba el número de muertos registrados oficialmente, 333,336, y aseguraba que miles de ellas habrían podido evitarse con una acción del Gobierno más adecuada» (El País).
Por su parte el abogado penalista Javier Coello critica el nombramiento de López-Gatell ante la OMS: «Sheinbaum se equivocó». Fue todavía más explícito en cuanto al error de la Presidenta: «Me parece una falta de respeto al pueblo de México. La presidenta tiene todas las facultades, pero ella es presidenta de todos los mexicanos. Y la actitud de ese señor, por negligencia, por falta de deber, de cuidado, por convertirse en un rockstar, por querer hacerle caso a López Obrador… promovió y permitió que se murieran más de 800 mil mexicanos», dijo Coello en entrevista con Azucena Uresti. Hemos de decir que Coello es el representante de las víctimas de Covid-19. Y él sí que no se quedará de brazos cruzados al grado que promovió una denuncia penal «por homicidio por omisión contra López-Gatell». Es cierto cuando el licenciado Coello afirma que la irresponsabilidad tanto de la Presidenta como del ex subsecretario es «algo que ha lastimado al pueblo mexicano».
El martes, en su conferencia matutina, Sheinbaum salió por supuesto en defensa de López-Gatell, e hizo una declaración de verdad muy sesuda y bien argumentada, de una sabiduría y de una profundidad ejemplar. ¿Saben qué dijo? Que «nadie es perfecto». Sobre todo ella, la Presidenta, no es para nada perfecta. Cero perfecta. Aquí entre nos, se podría esmerar un poquito, y ser menos im-per-fec-ta. Claro, después en su discurso se refirió al doctorado en salud que tiene su cómplice. No dejó de mencionar el enooooooooooorme esfuerzo que hizo López-Gatell durante el gobierno de ¿quién? De Lóoooooopez Obraaaaaador, para luego afirmar que había sido: «extraordinario». Y por si fuera poco, se quejó ante los presentes de lo que para ella fue una gran injusticia: «¿Vieron ayer el escándalo que armaron con Hugo? De veras, es que es increíble. Doctorado en Johns Hopkins en Salud Pública».
La que es increíble es la doctora y científica ¡¡¡Claudia Sheinbaum!!!

















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