
Guadalupe Loaeza | Siempre que se es hija o hijo de padre, hay un precio que pagar. Sobre todo si se trata de un «pater familias» sumamente poderoso, al grado de llamarse a sí mismo «el rey de reyes», entonces el precio se duplica e incluso llega a triplicarse no nada más entre los hijos, sino hasta en los nietos, quienes heredan las heridas que, aunque pase mucho tiempo, no terminan de cicatrizar.
Este es el caso de la familia del Sha de Irán, el último gobernante de la dinastía Pahlavi. Durante su reinado que duró, entre muchas luces y sombras, 37 años, su gobierno, gracias al petróleo, gastó miles de millones de dólares en industria, educación, salud, sin olvidar naturalmente el gasto militar. Entonces Irán pasaba por ser un país muy rico, y muy pobre a la vez. Él decía que lo único que quería era sacar a su país de la ignorancia y de las tradiciones ancestrales que no hacían más que alejarlo aún más de la civilización y de la modernidad. Y entre más crecían las tensiones sociales, más gastaba el Sha en inversiones excéntricas, en costear la corrupción, en celebraciones lujosísimas y en querer aparecer como un monarca democrático y justo. Cuando era todo lo contrario. Hay que decir, sin embargo, que durante su gobierno, se abrieron muchas universidades, museos, casas de cultura y, lo más importante, se otorgó el voto a la mujer. Estas iniciativas formaban parte de la Revolución Blanca, como el Sha llamó a este periodo. Lo que nunca se imaginó es que, a la sombra de esta supuesta revolución, vendría una en 1979, que cambiaría todos los sueños del Sha. Una mucho más ruidosa y violenta, la Revolución Islámica, encabezada por el ayatola Ruhollah Jomeini.
Imposible quedarse en Teherán en medio de una multitud enfurecida que demandaba su cabeza, había que huir con su tercera y hermosísima esposa, la emperatriz Farah Diba, y sus cuatro hijos. ¿Qué país le daría asilo a Mohammad Reza Pahlavi, nacido el 26 de octubre de 1919 en Teherán? ¿Qué país se la jugaría en asilar a un rey, que había sembrado tanta corrupción e injusticia entre sus gobernantes? Y ¿qué país se expondría en recibir a una familia tan odiada por su pueblo y tan desprestigiada entre los países democráticos y liberales? Primero se refugiaron en Egipto, luego en Marruecos, las Bahamas y México (después iría a Estados Unidos y finalmente a Egipto). Para colmo, para esos momentos el Sha ya estaba muy enfermo de cáncer, aunque no se lo decía ni a su esposa y menos a sus hijos. Así de ojeroso, pálido y decepcionado de todas las personas que le habían dado la espalda, especialmente el pueblo de Irán, llegó a nuestro país, con una visa de turista, acompañado de su familia, a Cuernavaca, la «ciudad de la eterna primavera», el domingo 10 de junio de 1979.
En muchas de las crónicas que leí de la llegada a Cuernavaca del emperador de Persia, cuentan que se instaló en una espléndida residencia en la Privada del Río en la colonia Palmira, la cual hace unos años se vendió en 800 mil dólares. Allí vivió la familia entre junio y octubre de 1979. Dice el cronista José Manuel Pérez que: «Su presencia en México fue discreta, pero no pasó desapercibida, especialmente debido a la visita de una figura de alto perfil: Richard Nixon (…) en un encuentro que reflejó la larga relación de amistad entre ambos líderes. Nixon, quien había dimitido en 1974 tras el escándalo de Watergate, mantuvo una conexión personal con Mohammad Reza Pahlavi desde que se conocieron en 1953, cuando Nixon era vicepresidente».
Seguramente el que tiene memoria de todo lo anterior y de muchas otras cosas sumamente dolorosas, como el suicidio de sus dos hermanos más chicos, es el hijo mayor del Sha (en la época en que vivieron en Cuernavaca tenía 18 años), Reza Pahlavi, quien el lunes pasado en París dijo: «El aparato represivo del régimen se está derrumbando. Solo falta un levantamiento nacional para poner fin definitivo a esta pesadilla». Y agregó: «Irán está en vuestras manos y su recuperación depende de ustedes». Ya en 2023, el hijo mayor del Sha, intentó capitalizar el levantamiento de los iraníes tras la muerte de la joven Mahsa Amini.
Desafortunadamente, el último hijo del Sha no tiene muchas posibilidades de convertirse en un posible suplente del régimen de los ayatolas. Existe un rechazo feroz por parte de la población iraní hacia todo aquello que tenga que ver con la familia del último emperador de Persia, el Sha de Irán.

















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