Querido viejo

Querido viejo

Guadalupe Loaeza | Hoy, el Uruguay amaneció de luto. Las calles de Montevideo se veían tristísimas en tanto pasaba el cortejo con el féretro del ex presidente José (Pepe) Mujica. Los y las uruguayas que se agolpaban en pequeños grupos a lo largo de las grandes avenidas tenían los ojos llorosos y su expresión era de infinita tristeza. Ya se habían acostumbrado a «este viejo loco», como él mismo se decía; a este político y guerrillero tan excepcional y tan comprometido con su causa, misma que lo llevó a la cárcel por más de 13 años padeciendo las peores torturas, hambre, sed y total aislamiento. «No leí un libro en siete años», decía en cada entrevista cuando le preguntaban acerca de su prisión. «Para no morirme repasaba en mi cabeza todo lo que había leído de joven. Así ejercí un entrenamiento de la memoria muy particular. Había días en que creía que me volvería loco». En su confinamiento metido en un pozo, perdió un riñón, pero lo que nunca, nunca, nunca perdió fue la esperanza de salir libre algún día.

Antes de morir Mujica tenía un solo deseo, que no lo sedaran para llegar lúcido al 20 de mayo, fecha en la que cumpliría 90 años. Estaba dispuesto a soportar todos los dolores que le causaba el cáncer de esófago. Ese día no nada más era su cumpleaños, sino que, como cada año, se realizaría una gran manifestación por el centro de Montevideo, en la que no gritan consignas, sino que se envía un profundo mensaje de silencio en homenaje a los desaparecidos y los enterrados clandestinamente en la época de la dictadura. Él quería hacer política hasta su último respiro.

Respecto a la austeridad con la que vivió toda su vida, al lado de su compañera en la vida y la lucha, la ex senadora y vicepresidenta Lucía Topolansky, por decirlo de alguna manera (de qué otra se podría), al viejo le valía un carajo mostrarse sin dientes, desaliñado, con sandalias de plástico y en un estado de salud francamente deteriorado.

José Mujica era muy querido y admirado por muchos mandatarios y pueblos de América del Sur: «Durante su mandato del 2010-2015, puso a Uruguay a la vanguardia al promover medidas progresistas como la legalización y comercialización de la mariguana -una primicia mundial en 2013-, derecho al aborto y el matrimonio igualitario. Además, abrazó la democracia tras un pasado guerrillero y encarnó la austeridad que proclamaba» (Reforma).

Su madre, «una doña muy dura», cultivaba flores, mismas que el niño José vendía en la calle, después de que muriera su papá, para ayudar a la familia. Comenzó a hacer política a los 14 años, a esa muy corta edad ya era dueño de una profunda capacidad de indignación por la injusticia social. En 1954 votó por el Partido Socialista, el más antiguo de la izquierda. A mediados de los años sesenta se convirtió en un activista guerrillero clandestino en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, que en 1989, formó junto a otras organizaciones el Movimiento de Participación Popular. Fue en la época de la clandestinidad que conoció a otra gran guerrillera que también estaría en la cárcel: Lucía Topolansky, una joven que vivía con su familia en una casa preciosa de Punta del Este y estudió en colegio de monjas dominicas. (Su hermana melliza también fue una gran militante del Movimiento de Liberación Nacional). «Lucía es mucho más que una compañera», solía decir en las múltiples entrevistas que le hacían al ex Presidente. En una entrevista con la BBC, Mujica contó que el primer encuentro entre ambos sucedió en una noche de septiembre de 1971, cuando él se escapó de la cárcel montevideana de Punta Carretas con otros 105 tupamaros y otros presos comunes por un túnel, «una de las mayores fugas en la historia de las prisiones uruguayas. ‘Ella estaba con la gente que apoyaba desde afuera. Habían ocupado una de las casas en las cuales nosotros emergimos de debajo de la tierra para salir de la cárcel, luego de haber hecho un túnel. La vi casi accidentalmente y seguimos la vida. Era muy bonita y joven’».

José Mujica decía que el amor es el motor de la vida. Luego agregaría que había que luchar sin parar por la causa, el compromiso y por la libertad. Insistía que había que vivir en la austeridad, sembrar árboles y tomar mate. Además de Lucía, su otro amor en la vida era su perrita de tres patas, Manuela, y junto a ella pidió estar enterrado.

Como dice la canción «Mi viejo», del compositor Piero: «el dolor lo lleva dentro y tiene historia sin tiempo…», así vivió José Mujica 89 años.

gloaezatovar@yahoo.com

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Soy Carlos

Bienvenidos al portal de Yo Acuso, originado por la columna del mismo nombre y que hoy, aglutina las notas sobresalientes del día a nivel local, estatal, nacional e internacional

Invítanos un café

_Mi cuenta BBVA:

CLABE: 012 840 01514471765 4
Tarjeta: 4152 3142 4021 3903

_PayPal: https://www.paypal.me/yoacuso

-Spin:

CLABE: 72 8969 0000 5344 0331
BANCO: Spin by OXXO
Beneficiario: Carlos Morales Tapia

Escanea nuestro Código