
“En el silencio de los inocentes, la verdad grita donde la Iglesia calla.”
— Carlos Morales Tapia
¡Yo acuso! A Robert Francis Prevost Martínez, León XIV, de tapar con su silencio el grito de tres hermanas peruanas, víctimas de abusos sexuales que claman justicia. ¡Yo acuso! A una Iglesia que, bajo la sombra de Jorge Mario Bergoglio, eleva a un hombre señalado por encubrir el horror en Chiclayo mientras predica redención. Como en Spotlight, donde el Boston Globe destapó la complicidad del clero, el caso de Ana María Quispe revela una verdad que quema. Y el apodo del acusado, “Padre Lute”, choca con el “Lute” rebelde de Joaquín Sabina, un símbolo de libertad que aquí se retuerce en traición. En este silencio de los inocentes, ¿hasta cuándo, León XIV, ignorarás a las víctimas?
El aliado de Francisco que traicionó
Prevost y Bergoglio se forjaron en las misiones de América Latina, jurando a crear una Iglesia para los marginados (¿Que vivan las familias disfuncionales?). Nacido en Chicago en 1955, Prevost abrazó Perú, ganando su ciudadanía en 2015. Francisco lo catapultó: obispo de Chiclayo (2014), miembro del Dicasterio para los Obispos (2020), prefecto y cardenal (2023). En 2025, los cardenales de Francisco lo coronaron Papa, un faro de continuidad. Pero ¿qué luz puede brillar cuando las víctimas son silenciadas? ¡Yo acuso! A Prevost de traicionar esa fe con su inacción… Y el silencio de los inocentes.
Chiclayo: El llanto de los inocentes
A los 9 años, en 2006, Ana María Quispe Díaz fue besada y manoseada por Ricardo Yesquén. En Cueva Blanca, Ferreñafe, Eleuterio Vásquez, el “Padre Lute”, la obligó a compartir cama. Sus hermanas, Aura Teresa y Juana Mercedes, cargan el mismo trauma hasta 2010. En 2022, llevaron su dolor al obispo Prevost. ¿Respuesta? Un silencio ensordecedor. Ni investigación canónica, ni testimonios, ni justicia. Vásquez, dicen, celebraba misas en 2023, riéndose de su sufrimiento [The Pillar].
“¡Nos traicionaron!”, rugió Ana María en redes, un eco amplificado por Cuarto Poder [América TV]. Las hermanas juran que Vásquez confesó ante Prevost, quien no actuó. Peor aún, la diócesis habría ofrecido 150,000 dólares para callarlas en 2025 [InfoVaticana]. La diócesis lo niega, afirma que Prevost envió un expediente al Vaticano, archivado en 2023 por “falta de pruebas” [Infobae]. ¿Pruebas? No las muestran. Solo hay lágrimas y una Iglesia que protege a los suyos. ¡Yo acuso! A Prevost de cerrar los ojos a la verdad… Y al infierno de los inicentes.
Spotlight y el Lute: Ecos de traición
Esto es Spotlight resucitado. En 2002, el Boston Globe reveló cómo el cardenal Bernard Law encubrió abusos de 87 sacerdotes, trasladándolos mientras las víctimas se ahogaban en silencio [Boston Globe]. En Chiclayo, Prevost repite el guion: un expediente hueco, un sacerdote libre, y Ana María abandonada. Spotlight mostró que el periodismo puede derribar muros; Cuarto Poder lo intenta, pero la Iglesia lo silencia, desacredita y ciega. ¡Yo acuso! A Prevost de repetir los pecados de Boston.
Y luego, el “Padre Lute”. Su apodo choca con el “Lute” de Joaquín Sabina, de “Así estoy yo sin ti” (1987): “furtivo como el Lute cuando era el Lute” [Genius]. Ese Lute, Eleuterio Sánchez, era un prófugo español, un rebelde contra el franquismo. Pero el “Padre Lute” de Chiclayo es, para las víctimas, un depredador amparado por Prevost. La ironía corta como navaja: mientras Sabina cantaba libertad, Ana María carga cadenas. ¡Yo acuso! A Prevost de dejar que un nombre de lucha encubra un crimen.
León XIV: ¿Justicia o silencio eterno?
Ana María, Aura Teresa, Juana Mercedes, y las víctimas de un caso en Chicago (2000), donde Prevost permitió que un sacerdote acusado viviera cerca de una escuela [La Abeja], no piden migajas; exigen ser oídas. Como prefecto del Dicasterio para los Obispos, Prevost debía castigar la negligencia. Como Papa, su silencio es un rugido de traición. ¡Yo acuso! A León XIV de dar la espalda a los inocentes.
Basta de silencio. Spotlight probó que la verdad puede cambiarlo todo. León XIV tiene una oportunidad: abrir investigaciones, sancionar culpables, abrazar a Ana María. Si no, su papado será una tumba de promesas rotas. ¡Yo acuso! Y te desafío, lector: ¿dejarás que los inocentes sigan callando? Comparte, denuncia, actúa. ¡Por Ana María, no más!
Nota al pie: El apodo “Padre Lute” (Eleuterio Vásquez) no está ligado al “Lute” de Joaquín Sabina (Así estoy yo sin ti, 1987), que refiere al prófugo Eleuterio Sánchez, ni a Spotlight (2015). Es una coincidencia que resalta la tragedia.

















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