¡GUARDIA DE HORROR!

¡GUARDIA DE HORROR!
Discurso de agradecimiento de Javier Herrera Borunda, en el homenaje póstumo a Fidel Herrera Beltrán, ex gobernador de Veracruz

Estela Casados Gonzalez | Este fin de semana Veracruz fue escenario de profunda indignación. Xalapa, la capital, atestiguó dos eventos que aparentemente no se encuentran relacionados entre sí: la marcha de las madres de personas desaparecidas, en el marco del emblemático 10 de mayo, y la “apertura voluntaria” de las instalaciones del Congreso local para recibir el domingo 11 de mayo a las cenizas de Fidel Herrera Beltrán, gobernador entre 2004 y 2010.

Cada 10 de mayo, la marcha de madres de personas desaparecidas es convocada desde hace varios años por colectivos de búsqueda veracruzanos. Justamente, en la primera década de este siglo, las condiciones de desaseo político y corrupción gubernamental desdibujaron la tenue línea que existe entre justicia e impunidad. Desde “la plenitud del pinche poder” se abrió la puerta a una época de violencia que nos pintó de rojo muerte y de gente desaparecida, pero que apoyó los proyectos individuales y las finanzas personales de quienes, sin escrúpulos, supieron aprovechar la antesala de una crisis humanitaria que aún hoy no ha llegado a su fin.

¿Cómo olvidar la bonanza de esos “años maravillosos” embozados de color rojo chillón? Para muchas madres de familia fue la época en que se generaron las condiciones para que sus hijas e hijos fueran víctimas de tráfico sexual, asesinato o desaparición. Quince años después, en su día, ellas siguen penando en la Fiscalía y gritando su lamento por las calles durante las marchas, pero no son la únicas.

El “doctor” Herrera, además de ser investido por la Universidad Veracruzana con una maestría y doctorado que aún no sabemos a qué hora los cursó y cómo los aprobó, gobernó a un estado que entre 2005 y 2009 repuntó en defunciones femeninas con presunción de homicidio. Como sabemos, en esa época aún no se tipificaba el delito de feminicidio; pero en 2011, ONU Mujeres, El Colegio de México, la LXI Legislatura de la Cámara de Diputados y el ahora extinto Instituto Nacional de las Mujeres dieron a conocer que las muertes violentas con presunción de homicidio que diezmaron a veracruzanas aumentaron cuatro puntos porcentuales durante el fidelato. Y ya no hubo marcha atrás.

Las madres buscadoras y las víctimas de feminicidio han sido ignoradas, vistas como lastre o, ya de plano, como enemigas políticas cada vez que se exige que se haga justicia. En medio de la horda de deudos y plañideras con cuentas activas en redes sociales, se enalteció a quien hizo de la corrupción un ejemplo a seguir y un símbolo de éxito.

En su momento, Herrera Beltrán dio a sus herederas y herederos políticos una lección que continúa vigente trascendiendo colores y partidos: la simulación. Entre muchos ejemplos, tenemos que fue durante su gobierno que se emitió la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y se creó al Instituto Veracruzano de las Mujeres, procurando así un andamiaje legal e institucional a favor de los derechos humanos de más de la mitad de la población del estado.

Tanto entonces como ahora, la creación de todo ello solo ha servido para confeccionarse un vestido de ocasión. A veces naranja, a veces morado. Según se necesite para simular igualdad de género y un “feminismo” que encubra a la violencia institucional y para que sus pactos patriarcales posean un tufo de perspectiva de género. Sin duda, fue una excelente lección política que se adapta a cualquier sisma transformador.

Cuenta con cómplices hoy en día quienes, desde la presidencia de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado o desde la actual gubernatura de Veracruz, dan su anuencia para que se le rindan honores a quien abrió las puertas al crimen organizado y con ello a la desaparición y asesinato del pueblo veracruzano. Facilitaron instalaciones, personal e infraestructura para que se celebrara al personaje que encarnó la desgracia para el pueblo y la corrupción que vació las arcas del erario.

Lo vimos todos y todas. Cada guardia de honor mostraba lo más aberrante y gris del antiguo y nuevo régimen que hoy conviven en un asqueroso maridaje. Quienes tuvieron el descaro o la fortuna, según como se quiera ver, de posar sus manos en la urna que contenía las cenizas de Herrera sellaron su vínculo y pertenencia a la podredumbre de antaño. A la podredumbre de ahora.

Mientras aplaudían a rabiar los beneficiados de aquel régimen que la Cuarta Transformación solapa, las madres buscadoras protestaban a las afueras del Congreso. En sus manos estaban las fotos de los tesoros que aún buscan y una lona en la que con mucha sabiduría habían escrito “Guardia de horror”. Y tienen razón.
Publicado en el Diario de Xalapa el día Lunes 12 de mayo del 2025

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