
«Tío, ¡cuánto tiempo! ¿Cómo has estado?».
Así le comentó un tipo al Presidente del Consejo de uno de las cadenas de radio más importantes de México.
El cuate -llamémosle Gordolfo Gelatino- acompañaba a un precandidato presidencial que recorría el país.
Tío por aquí, Tío por acá y una palmadita por acullá.
Gordolfo se la pasó demostrándole al político la cercanía que tenía con el magnate. «Mira que conectado estoy», parecía decir.
La charla fue buena… y el show mejor.
Tras acabar la comida un asistente recibió una llamada del «Tío».
«Oye, ¿y quién es ese sobrino al que nunca he visto en mi vida?».
Ja, ja, ja.
Este tipo quiso quedar bien… y logró exactamente lo contrario.
Aunque no lo creas, les quitó los celulares a los asistentes (por las filtraciones). Se hizo el importante. Tomaba la palabra, inclusive interrumpía al precandidato para decir cosas 100% irrelevantes.
A todos los saludó como si fueran grandes amigos… y no lo eran.
Como el personaje de los Polivoces, presumió su hermosura, pero en realidad terminó más quemado que una lagartija en el desierto.
Hablemos hoy, pues, de presumir.
Antes que nada, a mí me choca la falsa modestia. El que es bueno en algo no tiene por qué esconderlo.
Pero, OJO, la frase clave es «el que es bueno en algo».
Una cosa es creerse bueno y otra serlo.
El primer consejo entonces es: antes de presumir, asegúrate que en realidad eres bueno en lo que vas a presumir. ¿Cómo? De dos formas: utilizando métricas precisas y, dos, comparándote con otros.
En los deportes es fácil hacerlo; en otras actividades no tanto. ¿Cómo lograr ser bueno en algo? Otra vez dos consejos: practica (recuerda las 10,000 horas de Gladwell) y compite, mídete.
Dos tips adicionales: prepárate (toma clases, ten un mentor o un coach), mejora sobre todo tus áreas débiles, e incrementa el nivel de competencia. Por ejemplo, para mejorar en los deportes es bueno enfrentar contrincantes un poco mejores que tú.
Segundo consejo: tus resultados presumen mucho más tu fortaleza que tus palabras. O sea, no hagas lo que hizo Gordolfo. Como dicen en inglés: talk is cheap (de lengua me como un taco… ¡o 10!).
Aparte, los presumidos siempre caen muy mal. Ah, y los presumidos mentirosos son los peores.
Porque falta el tercer consejo: no digas mentiras. Y, por supuesto, nunca presumas algo que es falso.
Perdón, otra vez un anglicismo: lies end up biting you in the ass (las mentiras siempre terminan mordiéndote una nalga).
Tal como le pasó a Gordolfo.
En una interrupción realmente rara, presumió que conocía de cerca los peligros del populismo: «Viví en una isla por el temor al aparato político de un gobierno autocrático sudamericano, cuando asesoré a un político que buscaba ser primer ministro».
Todos nos quedamos con cara de what? (chin, otro anglicismo).
Nadie entendió la relevancia del comentario (no venía al caso), pero sí que Gordolfo presumía sus contactos políticos in-ter-na-cio-na-les.
Pero al finalizar la reunión, los asistentes se quedaron con tantas dudas que pidieron referencias de tan encumbrado personaje.
Les tomó media hora dar con alguien que lo conocía.
Y, efectivamente, vivió en esa isla unos años… ¡pero para esconderse de unos acreedores!
¡Ja! Quiso engañar a personas que se dedicaban a la información.
Digamos que nunca es bueno mentir. Pero si lo vas a hacer, primero investiga a quién le vas a mentir.
Nunca será buena idea que un novato quiera presumir de herrería en la casa del herrero. Seguro que va a salir chamuscado en el fogón.
Por cierto, una aclaración final: la exageración es prima hermana de la mentira. Y, OJO, porque vivimos en tiempos donde todo se exagera.
Tiempos en donde la modestia es una cualidad poco apreciada. Y está bien. Para destacar hay que ser bueno. Y si se es bueno, quedarse callado puede ser muy costoso. El éxito es de los que destacan.
Y el que calla rara vez destaca.
Pero una cosa es eso y otra muy distinta es ser un fantoche.
A los fantoches hasta los tíos los desconocen.
Posdata. Tristemente, Biden confirmó la narrativa de que está demasiado viejo. «No supe qué dijo», le espetó Trump en algún momento del debate. Y aunque me cueste admitirlo, muchas veces yo tampoco. El demócrata inició dubitativo, incierto y a veces, inentendible. Y aunque después mejoró poquito, para mí, Mr. Orange ayer ganó por paliza. Que Dios nos agarre confesados…
EN POCAS PALABRAS…
«El que presume publicita su pobreza».
W. Graham Scroggie,
autor escocés.
benchmark@reforma.com
Twitter: @jorgemelendez
¡Tío!, ¿cómo has estado?
















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