
Carlos Morales Tapia
La Batalla de Waterloo fue un punto de inflexión en la historia europea.
Significó el fin de las ambiciones imperiales de Napoleón y condujo a un nuevo orden internacional basado en el equilibrio de poder y el conservadurismo. Sin embargo, también sembró las semillas del cambio, ya que el nacionalismo y la industrialización comenzarían a ganar terreno en las décadas siguientes.
Los poderes fácticos hicieron su trabajo y paulatinamente, lo que Napoleón rompió, lo volvieron a unir, aunque sin sus colonias americanas, dando así, el paso a lo que, durante mucho tiempo, llamamos: Democracia.
En México, el crisol de todas las revoluciones latinoamericanas, luego del 2 de junio de 2024, la población se vuelve a dividir, después de la cruenta embestida mediática (Parecida a la de Adolfo Hitler y su Cuarto Reich, a través de sus acciones de prensa y propaganda), desde el púlpito presidencial y bastión de la 4T.
Hoy, en México, bien cabe la definición de la ciudadanía demócrata-los que apoyaron a Xochitl- y los republicanos-quienes, a cambio de migajas, apoyaron el Cuarto Reich… ¡Perdón! Quise decir, la 4T.
¿Qué sigue?
Fácil, uno de los poderes fácticos, mejor conocido como grupo de presión, negocie, debajo de la mesa, para que, el 2025, puedan seguir administrando sus respectivos feudos, con la anuencia del tatiasca y, al mismo tiempo, darle al pueblo, la sensación de la permanencia de la democracia.
Pero es muy temprano para que unos canten victoria, y muy tarde, para defender la democracia, la libertad y la vida pues, el embate de la agenda 2030, presenta un avance inexorable, tanto que, llegamos al punto de, ya no poder decir la verdad, delante de tanto necio que, viendo la realidad, se estancan como peces en pecera, acostumbrados a lo que les den, cuando se los den, porque no quisieron conocer otras cosas.
¡Ah, la historia! ¡De cuántas formas más va a repetirse!
















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