
Como solía escribir el maestro Lorenzo Franco Aranda: Los reporteros somos noticia y hoy, les presento la historia de dos que hicieron historia nacional:
El gober y la reportera
No sé cuántas historias existan, de la relación, muy cercana entre un funcionario electo y una reportera, la que les cuento hoy, ocurrió hace 100 años, durante los años 20’s del siglo pasado, en Yucatán, por entonces, un estado con creciente industria henequenera.
Nacido en 1872, Santiago creció viendo las injusticias de los terratenientes yucatecos, contra los campesinos, porque en ellos, descansaba toda la industria del henequen.
Alrededor de 1888, con 16 años de edad, Santiago comenzó a trabajar en el periódico «El Porvenir», de Motul. En sus columnas, criticaba a las autoridades y hacendados, defendiendo siempre, los derechos de la clase trabajadora, llegando a desarrollar, con el transcurso del tiempo, una gran capacidad de análisis y argumentación, ganándose, con ello, la confianza del pueblo.
En 1915, fundó «El Heraldo de Yucatán», que se convirtió en el más importante e influyente del estado, al mismo tiempo que era, una gran tribuna para sus ideas progresistas.
Definitivamente, citando a Manuel Buendia: «el periodismo es la política en acción», y así es como, el joven Santiago, comenzó a forjarse una carrera política, paralela al periodismo.
En 1901, se unió al movimiento revolucionario que luchaba por la independencia de Yucatán, en 1915, fue nombrado jefe del Partido Socialista del Sureste, el más importante de Yucatán y finalmente, en 1922, fue electo gobernador de ese estado. Su nombre completo es: Felipe Santiago Carrillo Puerto.
Implementó muchas reformas como gobernador, destacando la agraria, educativa y el reconocimiento de los derechos de la mujer, entre varias, que fueron muy populares entre los campesinos mayas, más no así, entre los terratenientes. Carrillo Puerto llegó a repartir más de 600 mil hectáreas de tierra, beneficiando a más de 30 mil familias.
En 1922 y en pleno enfrentamiento contra los hacendados y terratenientes, Carrillo Puerto conoció al amor de su vida, la también periodista y escritora, Alma Reed.
Nacida en San Francisco, California, en 1889, para 1913, había ingresado a trabajar en el «San Francisco Call».
Con la intención de cubrir la reconstrucción de las zonas arqueológicas mayas, Reed llegó a Yucatán y se entrevistó con el gobernador; entre el funcionario y la reportera hubo atracción y después, floreció el sentimiento.
Debido a la tensión entre el gobernador y la clase burguesa, la relación no pudo darse de manera «normal», pues, los enemigos del gobernador, constantemente buscaban sacarlo del liderazgo estatal, a como diera lugar, se llegó a decir que, esa relación estaba prohibida.
En el pináculo de su gobierno, Carrillo Puerto, encargó al poeta Luis Rosado Vega, un texto para dedicárselo a la reportera, tiempo después, basado en ese poema, Ricardo Palmerín, compuso la obra de arte llamada «Peregrina».
El 3 de enero de 1924, Felipe Santiago Carrillo Puerto, debido a la tensión con terratenientes y hacendados, en defensa del campesinado, fue atacado y asesinado por un grupo de hombres armados, encabezado por el general Tiburcio Mena.
El crimen se convirtió en un escándalo internacional…
En el centenario de su muerte, Carrillo Puerto se consolida como héroe nacional, que dejó un legado de gobierno reformador y transformador y ejemplo de la aplicación de la ley agraria, educativa y en Derechos Humanos, lo mismo que laborales.
Curiosamente, Alma Reed, siguió viviendo en Yucatán como periodista, siguiendo los pasos de «el apóstol de los ojos verdes», destacando como defensora de los Derechos Humanos y de la mujer.
La historia de Carrillo Puerto y Alma Reed, es un testamento al poder duradero del amor, entrelazado con el fervor revolucionario mexicano y las artes escénicas.
El compromiso de Reed con Carrillo Puerto es, hoy en día, inquebrantable, resonando en la historia y el arte mexicano, recordándonos el poder transformador que, la pasión y la importancia de luchar por lo que creemos, logra grandes avances en beneficio colectivo, sin olvidar la huella que dejó en Yucatán y México, la «Peregrina de ojos claros y divinos».
















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