La técnica y las humanidades

La técnica y las humanidades
Carlos Morales Tapia

A los vivos les debemos respeto, a los muertos, sólo la verdad – La Petatera

    “No importa el marbete que se le ponga a la enseñanza; en último resultado será ésta el reflejo de las condiciones sociales imperantes” – Francisco Zamora, 20 de agosto de 1934

      Los primeros trances en la cultura, en lo que se llamó La Nueva España, fueron confiados en administración exclusiva a las órdenes religiosas, las cuales, aparte del trabajo a que estaban obligadas por su condición social y su oficio, luchaban también contra la imposición de la casta conquistadora que, no deseaba muy instruidos a quienes quería esclavos.

      Ignorantes de la lengua, por señas hicieron entender a los nativos que sólo había un dios y no muchos, como sus padres creían. Sin texto el maestro, sin letras los alumnos, el trabajo era verbal, por lo tanto, el aprendizaje era doble, los hombres de la fe tenían que volverse niños con los niños y acompañarlos en sus juegos.

      Entonces como ahora, la enseñanza de las humanidades era primordial, en el siglo XVI, para poner un dique a las ideas reformistas del sisma religioso provocado por Lutero en Europa y que, amenazaban con llegar, muy temprano, a la Nueva España; ya en pleno siglo XXI, la reducida enseñanza de las humanidades que, dicho sea de paso, en México comenzó a limitarse con los gobiernos priistas, después de 1968, para impedir las ideas que obstruyeran los “avances reformistas” de los gobiernos tecnócratas y que, en 2023, dan al traste con la intención de adoctrinar a las masas que están por surgir, pues no es menester tener entes pensantes, sino sumisos.

      La enseñanza de la técnica se dio en el siglo XVI, como resultado de la inventiva para acelerar la producción.

      Desde 1522, la enseñanza en México ha representado un problema que no se ha podido salvar, recayendo, en partes iguales, entre educadores y educandos, complementándose, en gran medida, con el poder que genera la ignorancia, distribuida por los medios masivos, principalmente la televisión y, a últimas fechas, por las llamadas fake news creadas por los multiples “bots” del gobierno, a través de las redes sociales.

      Si nos avocásemos a echarle la culpa a las condiciones sociales imperantes, estaríamos cometiendo un craso error, puesto que, estas son el resultado del desarrollo de la cultura que las posee, entendiendo, por cultura o civilización:

      “En su sentido etnográfico más amplio: aquel todo complejo que comprende conocimientos, creencias, arte, moral, ley, costumbres y cualquier otra facultad y hábito adquirido por el hombre como miembro de la sociedad”.1

      Es decir, resulta incongruente que la enseñanza esté incapacitada para mostrar el camino de la reflexión y los resultados a los que se puede llegar, haciendo uso de esta poderosa herramienta.

      Es incongruente que los educadores, al paso que van, con los problemas laborales que representa la Reforma Educativa, reuniones y desacuerdos intra o intergremiales, descuiden su fuente de trabajo.

      Es incongruente que un alumno prefiera el ocio, a exigirle a un educador, que le brinde enseñanza de calidad -Otium sine literis, mors est-

      Es incongruente que la sociedad, se queje de los desatinos de los gobernantes en el poder cuando, se supone, fue la misma sociedad quien los puso ahí.

      Es incongruente que, los gobernantes, bajo la falsa premisa de mejorar la oferta educativa del país, busque, a través de reformas ilógicas y contrarias a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, destruir el objeto que “pretende” mejorar.

      “No importa cuáles sean las condiciones sociales imperantes, la enseñanza, como la cultura en general, obedece objetivamente a una ley que le es exclusiva y que no se reconoce diferente a ella misma a través de las diferentes épocas de la historia de la humanidad. A través de regímenes monárquicos y republicanos; a través de épocas de fanatismos y de libre pensamiento, la cultura ha obedecido esencialmente a una necesidad que no es posible confundir ni con la de los fieles congregados en un templo a suscitarse cualquier especie de embriaguez religiosa ni con la de una muchedumbre que acude a una convención política a embriagarse con el sentimiento del poder.”2

      Realmente: ¿Qué gran político o religioso se ha preocupado por la educación? En México, la religión no ha provocado en realidad ningún gran movimiento social, ni los políticos han logrado subvertir los efectos sociales en su favor.

      Luego entonces ¡Qué esperamos para asumir nuestra responsabilidad, por dolorosa que esta sea, en torno a la educación y la enseñanza? ¿Acaso los maestros apuestan por la educación privada? Y entonces desaparecerían los sindicatos magisteriales.

      ¿Acaso los estudiantes esperan que el Estado caiga en una fase en la que sólo habrá escuelas técnicas en las que, el bajo nivel académico dé, como resultado, un alarmante número de obreros calificados y sin empleo porque, lo que las empresas necesitan es gente capacitada para otras cosas?

      Los políticos van a seguir encantados con la situación de espectadores de la gran masa que compone al pueblo, nos seguirán explotando y manipulando a su antojo y todo, porque ni estudiantes ni maestros y padres de familia, asumen su papel en la sociedad.

      Mucho menos, cuando no hay una manera de regular el abuso del poder; el clero, por su parte, seguirá abusando de la sociedad, al mantener su mancuerna con la política, bendiciendo al gobernante en turno y consolando, por su mísera condición, al gobernado que permite que así sea.

      Por ahora, conviene que los maestros busquen su provecho personal, mientras los estudiantes se distraen con situaciones inherentes a su condición y con ello, se echan a perder 4 generaciones de educandos que, difícilmente, se podrán recuperar.

      Alemania, país que ha sufrido dos guerras mundiales, división y oscurantismo, se ha levantado de sus ruinas gracias a la educación; Japón, después de 2 bombas atómicas y en menos de 100 años, es hoy una potencia mundial que, por sobre todas las cosas, privilegia la educación.

      Mientras tanto, en Veracruz, por ejemplo, año con año seguiremos viendo las mismas filas en las mismas escuelas, para encontrar un lugar donde, nuestros hijos, puedan recibir una educación bien y de calidad, en escuelas y universidades públicas, dada la imposibilidad de costear una privada.

      Seguiremos escuchando las quejas de los rechazados de la Universidad Veracruzana y la dudosa oferta educativa de universidades que, presumen autonomía, dependiendo, en su totalidad, del presupuesto asignado por el Estado, que limita con ello su valor curricular y la preparación de sus egresados.

      ¿Cuándo asumiremos nuestra responsabilidad?

      Si ello implica una verdadera revolución educativa, que sea esta la definitiva y definitoria, pero que recaiga entre quienes, realmente la necesitamos, no que emane de un poder que prefiere, desde el siglo XVI, un pueblo inculto porque lo prefiere esclavo, sumiso y sumido en la miseria, antes que dejar sus privilegios políticos o religiosos.

      Si el beneficio que estamos recibiendo no es gratuito, a pesar del excesivo cobro de impuestos que nos aplican (Para eso sirven los impuestos, para que el gobierno nos brinde educación de calidad) ¿Por qué no asumir el derecho de exigir lo que por ley nos corresponde?

      Que quienes la reciban, realicen el esfuerzo que avala el costo y asuman el compromiso de tenerla. No importa cuales sean las condiciones sociales imperantes, todo todo tiene un costo-beneficio que se debe plantear y luego, asumir o rechazar, tarde o temprano, de alguna manera, el esfuerzo será en nuestro beneficio.

      1.- HUNTER, E. Daniel/WHITTEN, Phillip. Enciclopedia de antropología. Edit. Bella Terra. Barcelona, Spa. P. 197. Def. Taylor.

      2.- CUESTA, Jorge. Ensayo: Reforma al artículo tercero

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