El Diamante

El Diamante

Carlos Morales Tapia | Alrededor de las 3:30 de la mañana de ese sábado, un motociclista de la municipal, había informado que, durante su recorrido, a la altura de la calle Roa Bárcena esquina con Antonio María de Rivera, descubrió un cuerpo femenino de entre 20 y 25 años, sin signos vitales, con heridas ocasionadas por arma blanca, a la altura del cuello y el pecho que, presumiblemente -apunto el oficial 0826- le quitaron la vida.

Lo extraño -reportó el motociclista- era que el cadáver estaba enjoyado, en la mano izquierda, varios anillos de oro, resaltando uno, con un diamante azul, casi negro, engarzado en una fina filigrana de oro, que más tarde, los especialistas, estimaron con un valor de más de 800 mil pesos; en la muñeca izquierda, un semanario, también de oro, con un valor superior a los 900 mil pesos y en el cuello, a pesar de la herida que, presumiblemente le quitó la vida y que, al parecer, golpeó el objeto punzocortante, una cadena de eslabones planchados, con un dije de rubíes, con un valor estimado en más de millón y medio de pesos.

Nadie oyó ni vio nada en ese lugar; es una zona de comercios y los veladores están más ocupados en otras cosas, que en prestar atención a lo que hay afuera, luego, en fin de semana, lo más probable es que, los veladores, hubieran creído que sólo se trataba de unos borrachos en plena parranda y a los gritos…

Pero aquí no hubo gritos, no hubo ruido, no hubo curiosos…

Al llamado del motociclista acudieron, inmediatamente, dos patrullas, una de la Fuerza Civil y otra de la policía estatal, además de una ambulancia de la Cruz Roja que no fue necesaria pues, la diligencia del levantamiento del cadáver, la hizo el oficial de servicios periciales Domingo Garrido, con amplia experiencia en el tema de feminicidios, pero resultó que, por las heridas del cadáver, no era, precisamente, un feminicidio y, al tener joyas puestas, tampoco se trató de un robo.

Extraña manera de morir de la joven, sólo dos heridas con arma blanca, sobre todo, en tiempos en donde, lo más común, son las heridas de bala y, si hubiera sido un crimen pasional, que tampoco se trataba de eso, habría sido con saña pues, el amante despechado: mínimo habría ahorca a la víctima con sus manos o con una cinta ¡La corbata! O la cuece a tiros o a puñaladas, pero ¿Sólo dos heridas? ¿Suicidio? Naaaaaaaa, muy fantasioso.

  • ¡Esa no me la cree ni mi abuelita! – Pensó en voz alta el perito forense.

Lo que más le preocupaba, era el parte que tenía que rendir a los superiores, porque, a final de cuentas, el que iba a pagar los platos rotos, era el gobernador; ya suficiente inconformidad había con la incidencia delictiva, desaparecidos, descuartizados, ajustes de cuentas ¡Feminicidios! (que no lo eran, pero así lo decían las mujeres de los colectivos ¡Y cállalas o llévales la contraria!) ¿Qué iba a reportar? – Pensaba Domingo Garrido-.

La violencia estaba acabando con el gobierno estatal (aunque al gobernador le valía madre) y se dedicaba a hacer… Lo que le gustaba hacer al muchacho: bailar los fines de semana o irse de fiesta (privada, eso sí) con “sus amigos íntimos” a lugares a los que, no entraba ni la chusma, ni la gente que no perteneciera al grupo selecto de “amistades políticas” del gober y que, por supuesto, no cuidaba la policía común y corriente.

Pero de que se iba a poner feo ¡Ni dudarlo! Por fortuna, no había ni un sólo reportero de la policíaca (tendría que haber desembolsado un varo para correrlos sin que escribieran nada), la diligencia fue rápida y eso sí, con todo el protocolo debido porque, quien lleva esa lana puesta encima, no es de la Revo o de la Estación o El Dique… Era gente de varo que va a preguntar, indagar y hasta correr gente si no se hacen las cosas como debe ser.

La cadena de mando estaba en silencio con el reporte verbal del perito forense; hubo reunión de emergencia, sacaron a los superiores de la cama ¡Hasta del putero en donde estaban! Para saber qué hacer o decir y que todo cuadrara, nada más para cuidarle la espalda al gober, tarea nada fácil cuando, el que manda, sólo da instrucciones y ¡Zas! La gente es removida de su cargo ¡Y aquí no pasó nada! ¡Ya se solucionó el error!

¡Vaya manera de morir! ¡En donde chingaos fue a caer! ¡Quien madres hace estas cosas! ¿Cómo, chingada madre, vamos a fabricar culpables cuando, seguramente, los amigos de la muertita, son igual de billetudos que ella y con papis influyentes? ¿Sospechosos comunes? ¡Si no fue robo, chingada madre! Muchas preguntas, muchos peros ¡Muchos pedos a la vista y cero respuestas!

La autopsia reveló que la joven no tenía alcohol ni substancias psicotrópicas ¡Cero drogas! ¡Ni siquiera nicotina en la sangre! ¡Tons, cómo chingaos explicamos esto!

El caso involucraba a mucha gente: forenses, peritos, elementos de la policía, el primer respondiente, los de la ambulancia, los jefes, secretarias (¡pinche papeleo de mierda!), veladores ¡Hasta tres pinches perros callejeros que andaban olfateando de cerca! (y quizá, un teporocho que estaba getón, bien getón a 20 metros del lugar, aunque no sabía ni cómo se llamaba).

En el bolso de mano, que se encontraba tirado a medio metro de distancia del cadáver, encontraron, además de la identificación de Cristina “N”, 10 mil varos en efe, un celular, de los caros, varias tarjetas de débito y crédito, una botellita de perfume ¡De los caros! Lápiz labial, menjurjes para la cara, un juego de llaves de casa, las llaves de un mercedes (que quien sabe dónde estaba parado) Y una tarjeta de presentación de un odontólogo.

¡Con todo esto armo el caso y lo resuelvo! – gritó el perito a su jefe inmediato- ¡Pues inventa algo creíble entonces, o nos va a cargar la chingada a todos! Ya sabes que esos weyes con decir: Ustedes ¡A chingar a su madre! Resolvieron su pedo ¿Y uno wey?

Pero la vida, al igual que la muerte, es una puta caprichosa que no le da la oportunidad a cualquiera ¡Y se la dio a Domingo!

Pasaron seis meses y nadie habló del caso, no hubo reportes de desapariciones de muchachitas, ni en Veracruz, ni en otros Estados, el nombre de la chamaca y sus cosas, fueron archivados, porque nadie quería problemas, era mucho dinero y eso, hablaba de gente influyente, nadie quería quedar marcado o peor aún, fuera de la jugada, así que todo, todo se etiquetó y se guardó, como marca el librito ¡Y nadie lo tocó!

La difuntita se fue a una fosa común pa’ ricos, en caso de que aparecieran sus familiares, su caso recibió carpetazo, nadie dijo nada, nadie habló del tema, el gobernador ni se enteró y la prensa… No había necesidad de decirles nada ¡Pinches medios! ¡Siempre quieren bronca o lana!

Alguien bromeó sobre el caso, pero sobre todo, con el anillo de diamantes… “¿se imaginan que, pinche anillito -chingón, eso sí- se pierda y la muertita regrese a buscarlo, como en película de espantos japonesa?” Sólo hubo miradas cruzadas como respuesta y alguien dijo: ¿Sabes cómo se llama el lugar donde encontraron a la enjoyada…?

Pasado algún tiempo, unos añitos, poco antes de terminar el sexenio, otro patrullero, motociclista, pasó por el lugar de los hechos olvidado ya por los protagonistas y, en medio de las sombras (falta de luminarias en el lugar, desde siempre), vio un bulto que iluminó con el faro de su motocicleta, bajó a inspeccionar y descubrió, tirado en el suelo, el cuerpo de una mujer, de entre 20 y 25 años, sin signos vitales, pero con heridas ocasionadas por arma blanca, a la altura del cuello y el pecho, que, presumiblemente le quitaron la vida.

En la mano izquierda, varios anillos de oro, resaltando uno, con un diamante azul, casi negro engarzado en una fina filigrana de oro…

Xalapa, Ver., 30 de mayo 2023

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