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La batalla de Camarón

La batalla de Camarón

Breve historia de Veracruz

Carlos Morales Tapia

(Bataille de Camerone)

Si la historia alguna vez nos separó, es esa misma historia la que nos reúne hoy, en este tan simbólico lugar para ambos ejércitos, y en donde celebramos cada 30 de abril la Batalla de Camarón

Discurso de la embajadora Anne Grillo en el marco de la conmemoración de la batalla de Camarón
30 de abril de 2018
Mausoleo Franco-Mexicano,
Camarón de Tejeda (Veracruz)

El origen

Este 30 de abril, pasó casi como todos los días del niño en Veracruz, “sin pena ni gloria” y, sin embargo, pasó: ¿Sabía usted que, en Veracruz existe un municipio donde pelearon los franceses? ¿Sabía usted que en ese municipio existe un panteón francés que es, suelo francés? ¿Sabía usted que su nombre, es un derivado francés?

Pues sí, nos referimos a Camarón (Camerone en francés) de Lerdo de Tejada, Veracruz, antes conocido como Temaxcal, por haber sido uno de los lugares en donde los tlatoanis mexicas, se retiraban a renovar energía y tomaban ese baño purificador y le cuento: Limita al noreste, este y sureste con el municipio de Soledad de Doblado, al sur, suroeste y oeste con el municipio de Paso del Macho y al noroeste con el municipio de Zentla, cerca de la ciudad de Córdoba y el poblado de Huatusco.

Es el único lugar del mundo donde 2 naciones se reúnen para conmemorar y honrar a los caídos en batalla, una batalla que se efectuó el 30 de abril de 1863, hace 160 años, entre tropas mexicanas y una sesentena de soldados pertenecientes a la famosa Legión Extranjera; tropas mexicanas, apenas entrenadas, mal armadas y apenas puestas al servicio del país, del Estado de Veracruz y conformado por nativos Chiquihuites… Los milicianos chiquihuites.

Los mexicanos, no estaban todos armados, ni mucho menos contaban con la preparación y experiencia de los Legionarios, forjados en campañas en el África y Asia. Estos mexicanos se encontraban bajo las órdenes del General Juarista Francisco de Paula Milán, licenciado en derecho por la Universidad de Puebla que nació y murió en Xalapa, Veracruz (1821–1883), y en ese entonces, Gobernador de Veracruz.

Tras el fracaso del año anterior en la batalla de Puebla el 5 de mayo de 1862, gracias a que los Generales José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, Antonio López de Santa Anna y Felipe Santiago Díaz Morí, mejor conocido como Félix “El Chato” Díaz, llegaron a tiempo para impedir el avance imperialista que, en los fuertes de Loreto y Guadalupe, a la entrada de la ciudad de Puebla, mantenía en resistencia el general Ignacio Zaragoza.

Felipe Santiago Díaz Mori, mejor conocido como Félix «El Chato» Díaz

Cuando el invasor fue obligado a retirarse, fue Porfirio Díaz quien se reportó ante Zaragoza y a la hora de dar el parte militar, le dijo: “Las armas nacionales se han cubierto de gloria”, frase que hace famoso a Zaragoza, por repetirla ante el presidente Benito Pablo Juárez García, quien mantenía una capital del país itinerante, debido a que buscaban derrocarlo, interponiendo a Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena (en alemán, Ferdinand Maximilian Joseph Maria von Habsburg-Lothringen).

¡Por eso se encontraban los franceses intentando invadir México! Años más tarde, muerto Maximiliano, justificarían la invasión a México por una deuda a un pastelero, aparentemente ciudadano francés, aunque, más bien, a esa parte de la historia, se le conoce como: “La Guerra de los Pasteles”, porque los uniformes invasores eran, efectivamente, de colores pastel.

Durante la segunda intervención francesa en México, en 1863 el ejército francés sitiaba la Ciudad de Puebla y al no poder invadir el territorio, después del fracaso que le infligieron al ejército más poderoso del mundo, el 5 de mayo de 1862; para el 29 de abril de 1863, pidieron un destacamento más, el cual, se dice, partió desde el puerto de Veracruz con 64 carretas y varias mulas (se habla de 2 mil) con municiones y 14 millones de francos (casi 3 millones de pesos) en plata y oro.

El coronel extranjero, Pierre Joseph Jeanningros, al mando de la Legión Extranjera y tras recibir información sobre la movilización de tropas mexicanas en la zona, decidió mandar a la 3ª compañía del primer batallón bajo el mando del capitán Jean Danjou, para hacer reconocimiento y, si contactaban al convoy, proporcionarle escolta.

Suficiente para hacerle frente a cualquier soldado mexicano que, aunque mal entrenados, tenían el coraje de defender su patria, de quien llegaría a imponerle condiciones que no serían aceptables, porque nos costó trabajo conseguir nuestra independencia de España, como para permitir que “los franchutes”, venga a querer imponer sus condiciones.

Tras el sitio de la ciudad de Puebla, el ejército francés, estableciendo rutas de abastecimiento desde el Golfo de México, para poder reabastecer sus tropas para un posterior ataque, de los refuerzos que recibió el derrotado ejército francés fue, la Legión Extranjera, un cuerpo militar conformado por voluntarios de distintas nacionalidades que, en su mayoría eran mercenarios, busca fortunas, aventureros y militares veteranos, de distintas nacionalidades: polacos, austriacos, belgas, españoles, italianos; Otra vez, la escoria blanca que llegó con los españoles y que, los mexicanos, ya conocían muy bien como: Los Gachupines.

Contienda

El 29 de abril, Danjou pensaba salir del campamento inmediatamente y llegar hasta Palo Verde (Más o menos a 35 kilómetros de Veracruz), al amanecer, en el lugar, haría un reposo de dos horas, después, viajaría hacia Soledad de Doblado, hacia donde marchan durante la noche del 29 al 30 de abril.

A mitad de camino arriban a Paso del Macho, donde se encuentra con otro campamento de la Legión Extranjera a cargo del Capitán Saussier, quien les ofrece refuerzos que son rechazados por Danjou.

A las seis de la mañana, la 3ª compañía llega a una pequeña hacienda abandonada, de nombre: «La Trinidad». Ahí, se detienen para el avituallamiento de la tropa y un breve descanso pues, el avance, era muy rápido y en terreno serrano, ni siquiera camino de herradura; avanzaban sobre la costra del cerro y el follaje del solar veracruzano que, en primavera y desde temprano, la humedad y el calor que despliega la vegetación, se vuelve sofocante e insoportable y más, para los extranjeros.

La compañía se divide en dos secciones: una comienza su avance hacia Palo Verde, la otra se aproxima al bosque cercano. A lo lejos, un legionario logra ver una nube de polvo; se trataba de una patrulla de 20 exploradores, al mando del Capitán Sebastián Campos y una parte de los lanceros de Orizaba, al mando del comandante Joaquín Jiménez, estos habían salido del pueblo de Matlaluca, para dar inicio a una exploración rumbo a La Joya, población ubicada en el camino colonial México – Veracruz y cerca de Perote, que bajaba por Orizaba y terminaba, en el camino hacia la costa, pasando por caminos prehispánicos como el de Temascal.

Los legionarios se repliegan hacia el poblado de Temascal, mientras el tiempo avanza y, cuentan que, a las siete de la mañana del 30 de abril de 1863, el escuadrón de lanceros avanza hacia los legionarios que forman cuadro y hacen la primera descarga. Los lanceros se repliegan y se dividen en dos grupos para buscar los flancos franceses.

Iba a ser una batalla desigual, más de 60 hombres altamente preparados y armados con armas de fuego, contra una veintena de habitantes autóctonos, poco preparados y armados con lanzas y armas blancas, para atacar, prácticamente, cuerpo a cuerpo… Pero conocedores del terreno y la vegetación, además de tener una resistencia natural al ambiente, por ser nativos de la zona, aunque se encuentra, un poco más debajo de la población de Orizaba, cuyo temperamento es, más bien frío, en comparación con Temascal.

La escaramuza debió ser interesante porque, los franceses tenían, ante lo mal preparado de la patrulla mexicana, la oportunidad de recargar sus armas (un tiempo estimado entre 15 y 30 segundos o pelear con la espada). Tras nuevas descargas, el ataque se frustra, pues las mulas con el abastecimiento se les escapan, siendo capturadas por los jinetes mexicanos, dejando a los legionarios sin provisiones ni municiones extras.

El Capitán Campos se dirige a informar al General Francisco de Paula Milán que se encuentra en su base de La Joya a unos 8 kilómetros de Camarón, pudiendo llegar al lugar del combate con una parte de sus tropas y en corto tiempo. Danjou ordena desplazarse a paso ligero hacia la Hacienda La Trinidad.

Los franchutes no consiguen llegar sin antes, tener que repeler otro ataque, ahora de la caballería mexicana que llegó con el general de Paula, quienes producen nuevas bajas entre los legionarios; serían las nueve horas del 30 de abril de 1863; dentro de la hacienda, los legionarios se parapetan y abren aspilleras en las paredes para hacer fuego.

Danjou ordena al Sargento Morziki subir al techo para observar al enemigo. El sargento le comunica que están rodeados por «miles» de enemigos.

Poco después, un jinete se aproxima con una sábana blanca como bandera; es el Teniente Ramón Layne (o Lainé), mexicano, hijo de francés, alumno del Colegio Militar de México, que se acerca a diez metros de la hacienda y pide la rendición.

Les expuso que si se rendían les respetarían la vida, a lo que el capitán Danjou contesta por medio de un sargento: «Ni hablar de rendirse, tenemos cartuchos».

Danjou esperaba que la guarnición del capitán Saussier desde Paso del Macho escuchara los tiros y acudiera en su ayuda, sin embargo, en un ataque de la caballería mexicana, el Capitán Danjou, el Legiónario de la mano de madera, fruto de un accidente donde perdió esta extremidad y qué hoy es una reliquia dentro de la Legión Extranjera, perdió la vida tras recibir varios proyectiles mexicanos. El mando fue asumido por el teniente Jean Vilain de 27 años.

Ataque tras ataque, los mexicanos ganan terreno y ocupan los muros externos y los establos, haciendo que los legionarios se replieguen hacia los muros del patio central de la hacienda, una vez más, Milán les ofrece nuevamente la rendición. Un sargento legionario se niega a ello. Alrededor de las 12:30, los legionarios escucharon el toque de corneta, de «a degüello»; no habría cuartel para los franceses.

Los mexicanos inician el ataque por los flancos. A las dos de la tarde el teniente Vilain es abatido por francotiradores mientras atravesaba el patio.

El Subteniente Maudet asume el mando. En esos momentos llega el resto de la infantería de Milán, serán unos 650 de infantería y 200 caballos los que allí se concentraron en total.

Para las cinco de la tarde los mexicanos incendian los techos de la hacienda, el humo llenó los patios y los mexicanos avanzaron mejorando sus posiciones. Maudet, para entonces, ya solo cuenta con 16 hombres en total.

El fuego de los defensores se fue opacando; esto permitió que el teniente coronel Cambas, con hombres del batallón Córdoba, entrara al interior para luchar cuerpo a cuerpo.

Al cabo de once horas de combate, sólo tres hombres se encuentran todavía dispuestos a resistir: los cabos Maine y Berg y el soldado polaco Wensel; todos los demás están heridos de gravedad o muertos. Los milicianos mexicanos titubean si acabarlos o perdonarles la vida.

A las seis de la tarde, los soldados de la Legión han sido aniquilados, 33 han muerto y 31 son hechos prisioneros, casi todos heridos, 19 de estos, graves, morirían en las próximas horas o semanas.

El General Milán reportará sus bajas: 1 coronel muerto, 3 tenientes y capitanes heridos y nuestras pérdidas en la clase de tropa han sido 16 muertos y 18 heridos.

Al término de la batalla, el General Milán ordenó que se enterraran a los Legionarios muertos en una fosa común. Las coordenadas de Camarón son: 19,0216; -96,6154.

Al día siguiente de la batalla, el coronel Jeanningros llegó a la zona al frente de una columna de rescate, pero ya era tarde. Los mexicanos habían partido, dejando en una fosa común, sólo los cadáveres de los legionarios caídos en combate, el coronel se encontró también a Casimiro Lai, el tambor de la compañía, que estaba gravemente herido y fue dado por muerto.

Casimiro consiguió salir de la fosa y sobrevivir para poder informar al coronel Jeanningros de la batalla de Camarón. Entre los restos de la batalla, el coronel encontró la mano de madera del Capitán Danjou, que, desde entonces, se veneró como una reliquia en el cuartel general de la Legión Extranjera Francesa en Sidi-bel-abbés, en Argel. Hoy en día se sigue venerando en el nuevo cuartel de la Legión, en Marsella.

El Capitán Danjou fue un militar que perdió la mano izquierda durante una expedición en Argelia, por lo que tuvo que llevar una prótesis en su antebrazo.

Esta prótesis está considerada el objeto más valioso de la legión y aquel legionario que la porte durante un desfile lo considera un honor.

Este combate en Temascal, que fue cambiado por Camarón o en francés: Camerone, quedaría inscrito no sólo en los anales de nuestra Nación y de Francia, sino también, en la historia militar del mundo. No hay que perder de vista que, los mexicanos, se estaban enfrentando al mejor ejército del mundo, el más preparado y sobre todo, disciplinado.

Al terminar la batalla, tanto los gestos humanitarios de los mexicanos y la entrega de los franceses, fueron reconocidos en los informes de guerra de ambos bandos. Ésta batalla se ha convertido en todo un símbolo de heroísmo para los legionarios, quienes, hasta el día de hoy, visitan el pueblo de Camarón cada año y rinden homenaje a los caídos en un mausoleo que se edificó en la población y que la Secretaría de Relaciones Exteriores, ha donado a Francia para mantener enterrados a sus heroicos combatientes.

Consecuencias

Las bajas fueron significativas: de toda la compañía, la mitad murieron o fueron heridos de gravedad. Los heridos fueron trasladados a los hospitales de Huatusco y Xalapa, donde recibieron asistencia médica.

Tres meses después de la batalla se produjo el primer intercambio de prisioneros en el que fueron liberados ocho franceses a cambio de doscientos mexicanos.

Por decreto del 4 de octubre de 1863, el Ministro de Guerra, el General Randon ordenó que el nombre de «Camerone» estuviese inscrito en la bandera del regimiento de la legión extranjera. Además, el Emperador Napoleón III decidió que los nombres de Danjou, Vilain y Maudet fueran marcados en el palacio de Los Inválidos.

En 1892, se erigió un monumento en el lugar del combate en el que reza una inscripción en latín, que, gracias al abandono del memorial, hizo que en 1948, el coronel Penette, mandara levantar otro, que fue inaugurado en 1963 y en el que figura la misma inscripción en francés:

Francés

Ils furent ici moins de soixante Opposés à toute une armée. Sa masse les écrasa.

La vie plutôt que le courage

Abandonna ces soldats Français

A Camerone le 30 avril 1863.

Español

Eran menos de sesenta contra todo un ejército

Al que batallaron hasta la extenuación y que la vida, antes que el valor, abandonase a los soldados franceses.

30 de abril de 1863 en Camarón

El 30 de abril, durante todos los años, el gobierno francés celebra ceremonias en memoria de los caídos con un desfile militar. A estas ceremonias suelen asistir representantes del ejército francés y de veteranos jubilados de la Legión Francesa.

Por su parte, los mexicanos caídos también han recibido la etiqueta de héroes por su entrega y heroísmo durante esta intervención, sin embargo, aún no gozan del reconocimiento histórico que merecen por haber combatido hasta las últimas consecuencias a un puñado de legionarios que decidieron entregar su vida por su causa.

En Camarón de Tejeda, se levantaron dos monumentos; uno en recuerdo de los combatientes de ambos bandos e incluye una lápida bajo la cual descansan los restos de los extranjeros y otro recuerda a los mexicanos que murieron defendiendo la soberanía del país; uno de ellos, es un hermoso mausoleo en mármol mientras que, el otro, es la estatua dl ex gobernador Lerdo de Tejada, con la espada desenvainada y apuntando al mausoleo.

«Hagamos de esto un camarón», dicen en Francia cuando salen a jugarse todo a la suerte; y en recuerdo a esta celebre batalla, un país africano, recibió el nombre de Camerún.

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