La crema de la intelectualidad
En Chicote, un agasajo postinero
con la crema de la intelectualidad
y la gracia de un piropo retrechero
más castizo que la calle de Alcalá.
Agustín Lara

Muchos años después, ahí estaba. Testigo mudo de lo que pudo haber sido y no fue. La imagen que quiso pintar, citando a Sabina: – Enseñando las garras de astracán, / reclinada en la barra de «Chicote», / la «bien pagá» derrite, con su escote, / la crema de la intelectualidad – un afiche cuya historia desconocemos pero que hoy, el periodista mexicano Diego Osorno presenta en un nuevo documental sobre las relaciones entre cultura y poder a partir de una foto kitsch de 1987 donde, León García Soler aparece abrazándola socarronamente y al mismo tiempo, entre retador y sumiso al poder que más becas repartió durante su sexenio. La muñeca tetona de los 80’s.
En los 80’s, no sólo la música revolucionó al país, fue la época en la que muchos de nosotros éramos devoradores de una gran cantidad de textos de autores que publicaban en lo que fuera la mejor tribuna periodística del país: La Jornada. Ahí, de lunes a domingo, aparecían textos de Monsiváis “Por mi madre bohemios”, Elena Poniatowska, Aguilar Camín, Granados Chapa, en fin, de muchos que se convirtieron en verdaderos líderes de opinión y que contribuyeron a que las enseñanzas de muchos de nuestros maestros de secundaria y preparatoria, se reforzaran en la práctica cotidiana.
“Estoy educando un grupo de entes pensantes, no un montón de borregos que el día de mañana va a salir a votar por el PRI”, decía el maestro de ciencias sociales en la centenaria ESBAO, en la ciudad de Córdoba del Estado de Veracruz; apenas teníamos 16 o 17 años, para muchos, la mayoría quizá, fue nuestra primer elección y apoyamos a Cuauhtémoc Cárdenas, en el recién nacido partido del Sol Azteca.
Éramos gente de izquierda, nacida en la izquierda gracias a muchos de nuestros maestros, verdaderos sobrevivientes del 2 de Octubre del ’68, pero también a Galeano, Benedetti, Bagglieto, León Gieco, el impactante grupo chileno Prisioneros, Fito Páez, Facundo Cabral y una pléyade de gente que, desde Sudamérica, expresaban lo que muchos no sabíamos, ni habíamos padecido aún, sin tomar en cuenta las expresiones que también llegaban de España: Patxi Andion, Toreros Muertos, Miguel Ríos, Ana Belén, Víctor Manuel, Serrat…
Leer a esos intelectuales nos llevó a un grupo de compañeros a crear periódicos escolares como Procesito y escribir artículos en diario El Mundo de Córdoba que dirigía Othón Arróniz pero lo importante radicó en la toma de conciencia de esa generación de jóvenes que fue, sin duda, la primera que no votó por el PRI y que vimos con agravio, la llegada de Salinas al poder.
Poco después, Salinas demostró que era alguien que ya traía preparado su proyecto de nación y prácticamente vendió el país al extranjero y privatizó lo que, en mucho tiempo, demoraron en expropiar otros presidentes, culminando con la Reforma Energética que, en el presente sexenio encabezado por Peña Nieto, vendió Pemex a las mismas empresas que sufrieron la expropiación del petróleo en su momento.
1987 fue el parteaguas intelectual y político de nuestro país pues, ni el grupo Contemporáneos, que lideraba el cordobés Jorge Cuesta, padre putativo de Octavio Paz (El sapo inflado) cuya crítica incisiva causó verdaderos atentados al poder en su momento, se reunió con un presidente de la República, menos, salir en una foto. Salinas, gracias a su asesor intelectual Germán Dehesa, pariente del ex gobernador veracruzano Teodoro A. Dehesa y quien se llevaba y muy bien con la pléyade intelectual de su momento, logró que Salinas de Gortari “hiciera las pases” entre el poder y la crema de la intelectualidad.
El negrito en el arroz de ese sexenio fue el poeta chiapaneco Jaime Sabines; cuenta la anécdota que Salinas le preguntó a Germán, siendo ya presidente de México que ¿Quién le faltaba por saludar? A lo que Dehesa respondió que Sabines. Fueron a verlo al hospital de Chiapas donde se encontraba pues, el chiapaneco había sufrido un padecimiento que lo tuvo en cama y al llegar a su cuarto de hospital, Sabines estaba en silla de ruedas, aun así, el maestro se puso de pie y Salinas le dijo que no lo hiciera, la respuesta fue concreta, tajante, lapidaria:
“!Cómo no me voy a poner de pie si acaba de entrar el presidente de la República…!
¡Usted me vale madre!”
Y estas dos frases resumen lo que, en realidad, significó la relación entre el poder y los intelectuales en México. Hoy tienen repercusión pues, desde el 68, con la desaparición de la enseñanza de las humanidades en México y una reforma educativa que está dejando a los educandos en la miseria intelectual, postrándolos frente al menguado, pero al fin y al cabo poder, de la televisión, las nuevas generaciones están cediendo el espacio a los que, hambrientos de poder y riqueza en nuestro país, -cada vez más corruptos, más ignorantes y menos pensantes- continuaran cambiándonos espejitos por cuentas de vidrio, colocándonos en la más terrible de las miserias que pueda tener un país: La Indefensión…
A su consideración…
*Periodista Independiente en el Estado de Veracruz
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