Juan Antonio Nemi Dib

Inglaterra y particularmente Londres, su capital, son famosos por sus excentricidades. Quizá la más conocida es la Flat Earth Society fundada para sostener de la manera más “científica” posible que la tierra es plana y no esferoide. Pero no es la única: si aparece una moda extravagante o alguien sugiere corrientes alternativas de vestuario, arte y cultura que buscan romper con lo establecido, por ejemplo el movimiento PUNK, es muy probable que esto ocurra en Londres.
La más reciente de estas “aportaciones” tiene que ver con la campaña publicitaria de la Fundación Humanista Británica, cuyos integrantes pretenden, con toda seriedad, «animar a la gente que va camino al trabajo y concientizarla sobre el ateísmo en el Reino Unido y quizás alentar a más individuos a reconocer su ateísmo».
Esta nueva historia de “ruido mediático” nace de una campaña publicitaria cuyos autores han colocado anuncios publicitarios pagados en autobuses de la ciudad, con un texto sumamente provocador: “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”.
Aún apelando a las ideas más racionalistas y a los métodos científicos más serios que, por oposición, no permiten probar de manera técnica e irrefutable la existencia de un ser supremo, creador de todas las cosas, aun considerando el presunto espíritu “liberador” de sus autores, no hay duda de que la propuesta estará en el centro del escándalo y los titulares de la prensa, hasta que aparezca una nueva excentricidad, más atractiva.
¿Necesitan los creyentes que alguien les prive de su fe y les haga saber que están equivocados?, ¿necesitan los ateos que alguien les fortalezca sus convicciones y les ayude a “salir del clóset confesional”?, ¿necesitan las religiones establecer laboratorios e instituciones científicas que refuten ‘objetivamente’ a los agnósticos?, ¿ayuda esta campaña a mejorar la convivencia entre los seres humanos?, ¿le da sentido a la vida?
El científico Richard Dawkins, eminente biólogo de la evolución (autor de “El Gen Egoísta”, un libro revolucionario y auténtico parte aguas de la percepción científica del desarrollo de la vida) opina que sí; tanto, que se ha comprometido a duplicar con su propio dinero la cantidad de aportaciones públicas que se reciban para financiar esta campaña publicitaria que él mismo define como una guerra: “hoy en día se está generando una feroz batalla entre las fuerzas de la razón y el fundamentalismo religioso».
La idea central no tiene nada de nuevo. La negación de la existencia de Dios es tan vieja como la misma idea de Dios. Y a lo largo de la historia humana, ha tenido momentos que algunos de su ‘fieles’ consideran de franca inspiración, como la sobada frase de Carlos Marx –“La Religión es el Opio del Pueblo”—nunca antes 7 palabras habían sido capaces de producir torrentes de réplicas y contrarréplicas— que Fernando Savater recicla y moderniza en su libro “La Religión es la Cocaína de la Sociedad”.
En este complejísimo y minado debate, hay ingredientes que tienen validez universal:
1] El de las creencias es un asunto estrictamente individual, que no debería imponerse a nadie.
2] A lo largo de la historia conocida, muchos fenómenos religiosos se asocian a dominación, a disputas por el poder, a intereses muy terrenales y nada sublimes y, no pocas veces, las creencias han funcionado como instrumentos de explotación.
3] El fanatismo religioso es el motor más salvaje y eficaz de la tendencia autodestructiva que acompaña al género humano.
4] Cuando el ámbito espiritual y la política se mezclan, no resultan cosas buenas.
5] La laicidad de los gobiernos es un sano principio de convivencia y un resorte indispensable de la auténtica democracia.
6] La idea de “religión verdadera” que deriva en supremacía y exclusión respecto de otras confesiones niega la esencia de lo divino entendido como santo, como amor pleno.
Si lográramos asumir estos enunciados, el tema religioso sería más fácil.
Aún teniendo fe la vida es dura de llevarse: saber que estamos condenados a muerte desde el momento mismo en que nacemos, constituye una tragedia en sí misma, tragedia que se asocia al hambre, a la incertidumbre, a la opresión, a la enfermedad y el dolor físico, por no hablar de la explotación económica, la esclavitud (vigente mediante nuevas y sutiles formas) y el egoísmo muy propio no sólo de los genes de míster Dawkins, sino de todos los hombres.
La esperanza en una vida mejor, aquí o allá, produce siempre cosas buenas y saca lo mejor de cualquiera, incluyendo el perdón, la reconciliación y, precisamente, una razón para vivir. La fe no excluye que a la gente le vaya bien aquí y ahora y tampoco tiene que asumirse como sacrificio y privación permanente.
Yo no sé cómo pueda uno dejar de preocuparse y disfrutar la vida cuando sea la nada lo único que nos espere. Afortunadamente, el método científico no puede prescindir de las correlaciones.
Probablemente Dios sí existe.

antonionemi@gmail.com

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