Tonantzin-Guadalupe

Tonantzin es la palabra para referirse a la madre, la partícula Tzin es de orden reverencial, lo cual hace a la madre, un ser sagrado y con ello a la mujer, Tonantzin es pues, Nuestra Reverenda Madre, tomado esto del Nahuatl; los árabes eran menos precisos en ciertos aspectos, pero sí, más poéticos, Guadalupe, por ejemplo, deriva de Wad Al luben, que quiere decir Río Escondido, en México se tiene la muy errada creencia de que el nombre deriva de la aberración Wad al (agua corriente vulgus río) más el latín lupus que significa lobos. Los sabios árabes no cometerían tal yerro y por supuesto, al igual que los aztecas, tenían especial reverencia por sus mujeres, de ahí que, la virgen del Tepeyac sea una Hermosa Morena.

Una de las más antiguas imágenes de la humanidad de una diosa, la llamada Venus de Laussel, fue tallada en una cueva durante el Paleolítico Superior. La Gran Madre anuncia el milagro de su preñez. Un signo de prehistórico primado de la diosa que luego se expresó en los matriarcados de las primeras sociedades. (Grafica del Bitish Museum of Ancient Art)

Violencia contra la mujer es: negligencia, abandono, desamor, descuido reiterado, celotipia, insultos, humillaciones, devaluación, marginación, indiferencia, infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo, restricción a la autodeterminación, y amenazas.

A lo anterior puedo agregar: represión, tortura, hambre, embarazo forzado, discriminación cotidiana –las mujeres trabajan más, ganan menos y además, llegan a trabajar a casa- y desaparición.

El tema es amplio y puede ampliarse –valga la redundancia- hacia los niños. A nivel mundial se ha venido ejerciendo desde hace muchos años, una intensa lucha por lograr que los derechos de hombres y mujeres sean los mismos, en México, un país altamente machista, donde las más machistas son las mujeres y en eso tengo varias experiencias que comentar.

Durante los 30 y los 40, principalmente en las zonas sur-sureste del país, lo que hizo avanzar la economía (microeconomía) de las áreas rurales y urbanas fue el matriarcado, Juan Sebastian Bachofen es el gran iniciador de los estudios sobre los orígenes del matriarcado (Muterrecht), de la «cultura ginecocrática» en la antigüedad. Pensador e investigador del siglo XIX, docente colega de Nietzsche en la Universidad de Basilea, Bachofen distinguió tres momentos esenciales en la constitución de lo matriarcal en el pasado griego y su pasaje a la nueva forma triunfante del patriarcado.

El primer estadio fue dominado por la diosa Afrodita, la vida se hallaba entonces en una plena simbiosis con lo femenino de la naturaleza. El derecho natural que prevalece aquí es la fecundidad de la tierra, su capacidad creadora de sus frutos. La tierra es aquí la Gran Madre.

En un segundo estadio brilla la bella cabellera rubicunda de Démeter. Lo femenino acepta la mediación del matrimonio en el plano social y la agricultura es la forma esencial en una todavía constante unidad con la naturaleza.

En un tercer momento triunfa Apolo, el dios solar y resplandeciente. Aquí lo masculino inicia el desplazamiento de lo femenino. Se produce así el pasaje de lo matriarcal hacia la nueva forma cultural prevaleciente teñida por los valores de lo patriarcal. El patriarcado privilegia lo racional, la individualidad, la guerra y la autoridad de un dios celeste, solar, que se ejerce sobre el resto de las divinidades.

Coatlicue (MNAH)

No por nada una de las viejas deidades de la antigüedad fue Gea –la Madre Tierra- la deidad principal de los aztecas fue Coatlicue –La de la falda de Serpientes- Diosa terrestre de la vida y la muerte. También recibía los nombres de Tonantzin (nuestra muy venerable madre), y Teteoinan (madre de los dioses), diosa de la fertilidad y de la tierra.

Pero con la llegada de los españoles hizo su repentina aparición una imagen femenina que se tornó en parte de nuestra identidad cultural, me refiero a La Chingada. Al parecer esta fue una de las primeras formas de vejación que se comenzó a dar a las mujeres, de hombres a mujeres e incluso, entre mujeres pues, no es lo mismo que la chingada viva con el hombre a ser la señora de tal.

Mi disertación debería ser más amplia, sin embargo, debido al espacio que tenemos, dejaré aquí el aspecto histórico y antropológico sobre lo femenino y retornando, después de una larga vuelta al punto sobre el que nos enfocamos reitero: el matriarcado propició el gran machismo y consecuente la enorme lista con la que inicié esta columna.

Son las madres dentro de la ginecocracia o matriarcado las que, precisamente dicen: “¡Los hombres no lloran! ¡No seas Marica! Y el largo etcétera que nos inculcan a los hombres que crecemos creyéndonos seres superiores en fortaleza e inteligencia, cuando en realidad, no es así, y esto lo he aprendido, precisamente, de las mujeres.

En fin, que México ha sido pionero en situaciones que persiguen la igualdad de género, fue el primer país en permitir a una mujer ser gobernadora (Colima) y dentro de poco, no lo dudamos, Presidenta de la República –la figura de ministro es para culturas diferentes a la nuestra, culturas europeas en donde, el poder se ejerce “de otra forma”-

El grupo de legisladoras encabezado por Dalia Pérez tras haber mandado la iniciativa de ley de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (Gráfica: Carlos Morales Tapia)

En esa incesante búsqueda por conseguir un equilibrio de género, el día de ayer, 23 de noviembre de 2007, Veracruz ha sido partícipe y por segunda vez en menos de un mes pasa a la historia política del país tras mandar a comisiones para su revisión, Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para el Estado de Veracruz.

Dalía Edith Pérez Castañeda fue quien logró unificar criterios en el Congreso del estado y logró lo que Fidel Herrera hiciera en su momento: unir las diferentes fuerzas políticas en la búsqueda de un fin común, así, las legisladoras del PAN, PRD y PRI –los otros partidos no tienen representación femenina- signaron el proyecto de Ley que Dalia Pérez había venido trabajando con anterioridad y por supuesto, se nota su trabajo en la LXI Legislatura.

Llama la atención que, en este proyecto, Carolina Gudiño Corro, titular de la presidencia más joven del Congreso veracruzano y ex titular de la primer dependencia gubernamental encargada de los asuntos de las mujeres, tome también, parte activa en el mismo.

Bien por Dalia Pérez que logró unificar criterios, bien por las mujeres que saben ponerse de acuerdo y bien por los legisladores veracruzanos porque, a menos de un mes de haber entrado en actividades, han aprobado, aunque no lo parezca, un importante acuerdo que, además, forma ya parte de la historia no sólo veracruzana, sino de la República y a nivel mundial, al lograr lo que, ni en los Estados Unidos de Norteamérica, con toda la liberalidad que tienen, han podido crear: Protección legal y jurídica para las mujeres.

Por ahora, esta es mi opinión y este es mi nuevo número telefónico: 2281 22 42 85

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