Sin puntos ni comas

¿cómo iba yo a saber que la hidalguía
era el pijama a rayas del talego
y la ambición de un perro policía?
Joaquín Sabina

Herrera Beltrán y Vázquez Cuevas, la imagen es más que elocuente, esa sonrisa del «negro» lo dice todo (Foto: http://www.elgolfo.info)

No quiero poner aquí lo que otros dirán con creces, baste obviar diciendo: ¿Qué se puede esperar del hijo de un lechero? Vázquez Cuevas tendrá que abrir los ojos, -dicen que los perros los abren a los cinco días- creo además que, para todo hay que tener vocación, lo mismo para ser un kamikaze que para suicida, los puntos intermedios, con suerte, terminan usando el conjunto beige (Antes era pijama a rayas) que se estila en algunos lugares donde, por lo general, confluye la “aristocracia del barrio” para pasar unas “vacaciones” a costa del estado.

Ya con esto he dado demasiada importancia a Vázquez Cuevas, de quien ahora dicen con mucha y justificada razón que, además de racista es ateo, por otra parte, esto me sirve para reflexionar un poco sobre lo importante que es para un intelectual tener rivales a su altura ya que, como apunta cierto argentino que deambula por doquier, “No es bueno nunca hacerse de enemigos / que no estén a la altura del conflicto / que piensan que hacen una guerra / y se hacen pis encima como chicos / que rondan por siniestros ministerios / haciendo la parodia del artista / que todo lo que brilla en este mundo / tan solo les da caspa y les da envidia.”

Gramsci en el libro “Cuadernos de la cárcel” define: «Todo grupo social que surge sobre la base original de una función esencial en el mundo de la producción económica, establece junto a él, orgánicamente, una o más capas intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de su propia función, no sólo en el campo económico, sino también en el social y en el político…» también distingue dos tipos de intelectuales: El tradicional, cuyo objetivo primordial está enfocado a la creación artística, más no por eso deja de ser un ente analítico y el intelectual orgánico, es decir, los organizadores de la función económica de la clase a la que están ligados orgánicamente, valga la redundancia, vg.: los políticos.

A Herrera Beltrán siempre lo he considerado un intelectual orgánico, -aún no tengo la complacencia de conocerlo como tradicional, es decir, creador, aunque sé que tiene predilección por ciertas manifestaciones artísticas en particular- y en ese papel de mi parte recibe cierta admiración, amén de su increíble capacidad –Manuel Laborde califico tal como hiperactividad neuronal- y sagacidad para responder los interrogatorios que se le aplican.

Sin embargo, hasta hoy, aunque ha tenido muy buenos rivales a su altura, no he conocido uno solo de su nivel y aquí abro paso a una explicación: Hay varios intelectuales veracruzanos que cuentan con mi admiración, el primero de ellos y por ende más admirado es el cordobés Jorge Cuesta, líder del grupo Contemporáneos, el otro intelectual veracruzano en importancia que goza de muy amplia admiración de mi parte es, sin lugar a dudas, el bardo veracruzano Salvador Díaz Mirón.

Jorge Cuesta dejó escuela, su discípulo Octavio Paz logró llegar muy lejos aunque, a pesar de todo, muchos de sus ensayos hayan perdido, con el transcurso del tiempo, la vigencia de la que aún gozan los ensayos de su maestro, sin embargo, Díaz Mirón, dejó no una escuela, sino una amplia gama de anécdotas y recuentos de lo que era la política en aquella época, llegó incluso a ser inquilino del estado y estuvo preso en San Juan de Ulúa, según sus biógrafos.

Salvador Díaz Mirón: dos caras de la misma moneda

Díaz Mirón, político y poeta veracruzano –de acuerdo a la definición de Gramsci, un intelectual completo por ser orgánico y tradicional- tuvo rivales de gran valía en la política, en las contiendas literarias y en la vida, pues era un hombre racional que también se tornaba visceral y más de una vez sostuvo duelos con sus rivales, en todos los ámbitos y al único que perdonó la vida fue al analfabeta vale Bejarano.

Una de estas anécdotas de los duelos literarios que sostuvieron el vale Bejarano y Díaz Mirón, entre muchas otras, es aquella donde, Díaz Mirón se atreve a escribir los siguientes versos:

Si pública es la mujer
que por puta es conocida
república debe ser
aquella más prostituida
Y siguiendo el parecer
de esta lógica absoluta
todo aquel que se re emputa
de república ser hijo
debe ser a punto fijo
un hijo de la gran puta

El vale Bejarano, iletrado, analfabeta, pero buen versador –y aquí le vuelvo a dar la razón a Herrera Beltrán: en Veracruz, el que no es poeta es hijo de… poeta- después de escuchar esta rima respondió ipsofacto –que quiere decir: “en chinga”-:

El que ese verso escribió
con mano tan disoluta
no niega que fue una puta
la madre que lo parió.

Irónico que el vale Bejarano sobreviviera a la ira del bardo veracruzano, pero no lo es tanto cuando, observando, notamos que, Bejarano era un rival imprescindible, un rival “a la altura del conflicto” y hoy notamos que para que existan rivales de esa naturaleza, debe pasar mucho tiempo para encontrarlos; sí, mi admiración para Fidel Herrera por esa sagacidad y capacidad, aunque no esté de acuerdo con él en muchos aspectos y formas de conducir la política veracruzana y que he señalado puntualmente desde este espacio.

Mi admiración por la disciplina que se impone y porque, además, se da tiempo para leer y trabajar o viceversa y porque además tiene razón al decir que en Veracruz: “ser de piel morena no es excepción, es mayoría”.

Vázquez Cuevas debería saber, por ejemplo, que Tonantzin-Guadalupe –el nombre Guadalupe no es mexicano sino árabe, que llegó a España durante el dominio árabe y la imagen de la virgen morena llegó a América traída por Cortés, que era el hombre blanco más devoto de ella, y que la mayoría de morenos en Veracruz se debe al tráfico de esclavos negros propiciado por los blancos- no es sólo un ícono, sino parte medular de la identidad nacional y que ha causado grandes y muy serios conflictos en el orbe pero también, ha sido la imagen que ha salvado al actual gobierno federal panista de una verdadera revuelta nacional que por –le llamaré imprudencia- el líder de la bancada albiazul estuvo a punto de provocar el día de ayer en la legislatura y en Veracruz, de no haber sido salvado por las palabras del gobernador.

Por ahora, esta es mi opinión y este es mi nuevo número telefónico: 2281 22 42 85

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